Archivo para 29 diciembre 2012

29
Dic
12

Año Nuevo y una figura relegada

Artículo extraído de: http://www.laautenticadefensa.net/

Papa San Silvestre-Roma

Por Néstor Daniel Villa

Estamos en los umbrales del Año del Señor 2013, su festejo en simetría con la Natividad del Señor, y el contenido cronológico, el comienzo de un nuevo año, tiempo que demora la tierra en una vuelta completa sobre su eje en torno al sol, pareciera opacar el contenido litúrgico, es la OCTAVA de Navidad, Santa María Madre de Dios,(octavo día), día a su vez de la Circunsición del Niño, según las prescripciones de Moisés en el Antiguo Testamento, y la imposición al Divino Niño de su Santísimo Nombre: JESÚS.

Y el último día (VII día infraoctava) dentro de la Octava, el último día del año, 31 de diciembre, es conmemorado el Papa Silvestre I, (270-334), 33mo. Papa de Roma, sucesor de Pedro, el primer papa que no padeció muerte cruenta, y a quien se debe la adopción del “Dies Dominici” (Día del Señor Jesús en virtud de la Resurrección= Domingo), la convocatoria del primer Concilio Ecuménico en Nicea (a.325), la organización de la Iglesia emergente de las catacumbas luego del edicto de Milán y la paz de Constantino.

Organización en todos los sentidos, promulgación de normativas litúrgicas, disciplinares y sobre todo convocatoria de concilios locales para conjurar el peligro de doctrinas extrañas(donatismo y arrianismo) que desdibujaban y anulaban los misterios salvíficos del Evangelio de Jesucristo. Fué un hombre simple y decidido según las crónicas, en un tiempo en el que el episcopado era débil frente a un emperador que decía favorecer al Evangelio pero no se decidía a adoptarlo. Silvestre supo ser discreto, distante y nada sobresaliente, pero eficaz en el gobierno de la Iglesia y en el rol que le cabía como sucesor de Pedro. (1)

Se le atribuye erróneamente haber bautizado y curado de lepra al mismo Constantino. Ni una ni otra, Constantino pareciera haber sido bautizado por un ministro arriano en el lecho de muerte, como refiere Eusebio de Cesàrea, insigne historiador contemporáneo a los hechos. Como asimismo la convocatoria y promulgación del Concilio de Nicea. Este último definió la fe de siempre de la Iglesia frente a las desviaciones de Arrio. (2)

Se le atribuye asimismo la adopción de la mitra o tiara ( tocado de equívoco origen, probablemente persa) adaptado a las funciones sagradas.

Evelyn Vaugh, en su célebre novela histórica ”Elena”, que gira en torno a la figura descollante de la santa emperatriz, madre de Constantino, Elena, Santa Elena, pone en boca de uno de los personajes, Fausta, el comentario que Silvestre era tan irreprochable como desapercibido y que si llegaba a santo debería ser celebrado el último día del año.En efecto, así sucedió pero porque fué su , murió el 31 de diciembre de 334 y fué sepultado en la Vía Salaria junto al Papa Marcelo.(3)

No es para afirmar ni negar, pero pareciera que su humildad persistiera ya que a diferencia de otros santos que acompañan el folklore y religiosidad popular, Silvestre es el gran ausente. No así en la liturgia de la Iglesia Latina, donde se lo celebra con memoria simple en la infraoctava de Navidad, y en el pontifical antiguo, asociado a San Gregorio Magno en las Letanías de los Santos, como en el mundo de las bellas artes, y especialmente la literatura donde un poeta de la talla de Rubén Darìo, en sus Prosas Profanas”(4), en su poema AÑO NUEVO, describe al santo desde la gloria, con la riqueza del simbolismo literario, revestido de gloria y majestad, en una conjunción de ornamentos pontificales , la Cruz del Sur como pectoral, una tiara (corona papal) de figuras celestes, en la actitud paternal de bendecir el año nuevo y cada uno de sus días.

Este año de 2012, en el IV Domingo de Adviento en la Co Catedral de Belén de Escobar, Natividad del Señor, fuè solemnemente entronizada una estatuilla insigne de madera noble, del siglo XVIII, donada con todo afecto al señor obispo para este Año de la Fe (2012-2013) y que presidiera su inicio en nuestra diócesis en la Solemnidad del Pilar (12 de octubre) en la celebraciòn diocesana habida ante la iglesia matriz del partido homónimo.

Silvestre ,Sucesor de Pedro. Pedro, eje de la fe, roca por participación y mandato del Señor ( en arameo, griego y en las lenguas modernas solo el francès, Pedro y “piedra” se dicen con el mismo vocablo: “kefas”, “pierre”) para confirmar al rebaño en la FE. La Fe de Pedro es la Fe de la Iglesia, Jesucristo le confirió ese ministerio de eje de todo el sistema de Pueblo y Familia de Dios= Iglesia.

San Silvestre, acompàñanos en el exámen de conciencia acerca del año que pasò y nuestra vida oculta con Cristo en Dios. Sobre nuestros logros y fracasos, nuestros pecados de comisiòn y de omisiòn, para que el año al que nos preparamos venga con la poderosa bendiciòn del Altìsimo, y el mundo, obra del Creador, alcance su equilibrio, su perfecciòn y la paz. Y se complete en nosotros toda buena obra incoada en la FE. (5) NESTOR DANIEL VILLA

1. Amann,E: Silvestre I (Saint): DTC 2 (1940)2068-2075
2. Eusebio de Cesàrea: HISTORIA ECLESIASTICA Y VIDA DE CONSTANTINO , ML v.19 y 20
3. Vaugh,E.:ELENA, traducción del original inglès por Pedro Lecuona,Ed. Sudamericana(Buenos Aires 1954) pg.137
4. Rubèn Darìo: PROSAS PROFANAS, Ed. Vda. De Bouret-Paris-Mexico 1908, pgs. 113-114.
5. Migne:PL S.Sylvester Papa V. 8, 795-814.
26
Dic
12

Inauguración del retablo lateral “del Año de la Fe” en la iglesia concatedral de Belén de Escobar y entronización de la imagen del Apóstol San Pedro.

El Obispo Mons. Oscar Sarlinga llamó a a recuperar el sentido del “anuncio natalicio”, en sentido de las nuevas creaturas que somos por la gracia y asimismo “el profetismo de la esperanza”, sin la cual la Iglesia y la sociedad quedarían inermes.

Siguiendo un pedido del Obispo Mons. Oscar Sarlinga, la feligresía de la iglesia concatedral de la Natividad del Señor en Escobar (diócesis de Zárate-Campana) ofrendó un hermoso y artístico retablo (o “altar lateral”), obra de un reconocido artista en madera de cedro, donde el mismo Obispo entronizó el sábado 22 de diciembre la venerable e insigne imagen de San Pedro, del siglo XVIII, la misma que acompañó la eucaristía de apertura diocesana del Año de la Fe, el 12 de octubre en Nuestra Señora del Pilar, ante millares de fieles. Junto a la sagrada imagen fueron puestos en valor unos relicarios que desde muy antiguo estaban destinados a la iglesia de la Natividad, con las reliquias autenticadas del Padre apostólico (y obispo) San Timoteo, y de otros santos. Mons. Oscar Sarlinga procedió a la bendición del nuevo retablo y de la imagen del Apóstol, después del saludo inicial, luego de lo cual se dio la procesión hacia el altar mayor, y siguió con la oración colecta. En la homilía el Obispo hizo referencia a la fe, la fe en el aspecto subjectual de “adhesión de toda la inteligencia y de todo el corazón”, y también en su dimensión de “contenido de la fe que la Iglesia nos propone para creer”, y que hemos de profundizar, principalmente con el Concilio Vaticano II y con el Catecismo de la Iglesia Católica” –dijo-. Refiriéndose al Concilio, dijo que el día de su apertura, el 11 de octubre de 1962 se celebraba la fiesta de María Santísima, Madre de Dios y que por eso el Papa Benedicto XVI, en su convocatoria al Año de la fe, se lo confió a la Virgen, y para ello peregrinó a Loreto, a la Santa Casa, pues la Virgen María brilla siempre como estrella en el camino de la nueva evangelización”. Exhortó también a recuperar el sentido del “anuncio natalicio”, en sentido de las nuevas creaturas que somos por la gracia y de cómo el Señor naciente nos hace “renacer en Él”, y asimismo “el profetismo de la esperanza”, al que ve, dijo Mons. Sarlinga, como un componente revitalizador para la nueva evangelización al que nos llama la Iglesia, y sin el cual, “tanto la misma Iglesia como la sociedad quedarían inermes”. La Santa Misa fue televisada en directo por el Canal Provincial y el Canal de Escobar. La sagrada imagen del Apóstol San Pedro que fue entronizada es una de las pocas del mismo con que cuenta la diócesis, puesto que las hay, a excepción de la de Escobar, expuestas a la pública veneración sólo tres, en la ciudad de Campana, dos de la capilla de San Pedro en el barrio de Villanueva habiendo sido, la ubicada junto al altar, proveniente de la catedral de San Isidro (según documento de donación). La tercera imagen de San Pedro, junto con la de San Pablo, está en la actual parroquia de Nuestra Señora de Luján y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, en Campana (luego de haber estado en el Seminario diocesano, cuando funcionó en la ciudad, hasta el año de su cierre, en 2001). Actualmente en el Seminario (en Campana) no hay estatuas sino dos imágenes pictóricas que representan a los Apóstoles. También citó el Obispo algunos aspectos de la homilía del Papa Benedicto XVI para la apertura del Año de la fe en Roma, los cuales pueden encontrarse en:

,http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2012/documents/hf_ben-xvi_hom_20121011_anno-fede_sp.html

Y en:

http://www.annusfidei.va/content/novaevangelizatio/es.html

En especial se refirió al parágrafo en el que el Papa Benedicto afirma que el Año que ese día inauguraba “ (…) está vinculado coherentemente con todo el camino de la Iglesia en los últimos 50 años: desde el Concilio, mediante el magisterio del siervo de Dios Pablo VI, que convocó un «Año de la fe» en 1967, hasta el Gran Jubileo del 2000, con el que el beato Juan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre. Estos dos Pontífices, Pablo VI y Juan Pablo II, convergieron profunda y plenamente en poner a Cristo como centro del cosmos y de la historia, y en el anhelo apostólico de anunciarlo al mundo. Jesús es el centro de la fe cristiana”. Y asimismo, reafirmó Mons. Sarlinga, aludiendo al Concilio Vaticano II, que el Papa mencionó en dicha homilía que (…) «el supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado de forma cada vez más eficaz… La tarea principal de este Concilio no es, por lo tanto, la discusión de este o aquel tema de la doctrina… Para eso no era necesario un Concilio… Es preciso que esta doctrina verdadera e inmutable, que ha de ser fielmente respetada, se profundice y presente según las exigencias de nuestro tiempo» (AAS 54 [1962], 790. 791-792). Así decía el Papa Juan en la inauguración del Concilio”. De la Santa Misa presidida por Mons. Oscar Sarlinga concelebraron los Pbros. Mauricio Aracena, rector, Albino Cabral, cura párroco, Nestor Villa y Carlos Bertone, vicario parroquial. El coro de jóvenes de la parroquia engalanó la celebración, al término de la cual se tuvo un gesto, similar al reciente en la iglesia catedral de Santa Florentina, de la luz de la paz de Belén, de la pastoral scout de la comisión católica de la asociación civil Scouts de Argentina.

24
Dic
12

Entronización de la imagen de San Pedro del inicio del Año de la Fe, en la cocatedral de Belén de Escobar.

El sábado 22 será inaugurado por el Sr. Obispo  el nuevo retablo lateral de la iglesia concatedral de la Natividad del Señor, donde será entronizada la venerable e insigne imagen de San Pedro, del siglo XVIII, que acompañó la apertura diocesana del Año de la Fe, el 12 de octubre en Nuestra Señora del Pilar.  La sagrada imagen es una de las pocas del Apóstol San Pedro que se encuentran en la diócesis, contándose sólo con las de la ciudad de Campana, dos de la capilla de San Pedro en el barrio de Villanueva habiendo sido, la ubicada junto al altar, proveniente de la catedral de San Isidro (según documento de donación).

La otra imagen de San Pedro, junto con la de San Pablo, está en la actual parroquia de Nuestra Señora de Luján y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, en Campana (luego de haber estado en el Seminario diocesano, cuando funcionó en la ciudad, hasta el año de su cierre, en 2001). Actualmente en el Seminario hay dos imágenes pictóricas que representan a los Apóstoles.

24
Dic
12

Celebraciones del Obispo en Nochebuena y Navidad

Nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga celebrará la misa de Nochebuena en la iglesia concatedral de la Natividad del Señor, con oportunidad a la vez de las Fiestas Patronales de la citada parroquia. El día de Navidad, como todos los años, celebrará la Santa Misa a las 10.30 con las Misioneras de la Caridad de la Beata Madre Teresa, en Zárate, y compartirá el almuerzo con los ancianos y ancianas, y el día de la Navidad del Señor con las hermanas religiosas. Excepcionalmente, ese día se traslada, por la mañana, a la capilla de las hermanas de la Madre Teresa (elegida por el Obispo de entre las iglesias para ganar las indulgencias del Año de la Fe)  la concurrencia a la misa de Navidad de la parroquia de Nuestra Señora de Fátima, aledaña, junto con su párroco, el Pbro. Lucas Martínez.

10
Dic
12

Tiempo de Adviento: tiempo de conversión, carta de nuestro Obispo.

ImagenEl Adviento constituye una “Casa del Pan”,

un “Bethlehem”, un Belén esperanzador para nuestras vidas

Queridos hermanos, hermanas, tengan ustedes todos un sereno y feliz comienzo del tiempo de Adviento, “tiempo de María”

Puesto que la esperanza da sentido, fortaleza interior (Cf  I Tesalonicenses 3, 12-4, 2) y alegría de verdad a nuestra vida, los invito a “hacer un alto” y considerar el comenzar con ese espíritu este maravilloso “tiempo de María”, tiempo precisamente, de esperanza, también penitencial, en el cual la misma liturgia se adecua, con mayor sobriedad, para favorecer la reflexión, la meditación, el recogimiento, la conversión, transformación, de los corazones, que nos lleven a recibir al Niño naciente. Se ha cumplido la promesa del Señor a Jeremías (Cf Jer 33, 14-16) pues la germinación de justicia y bondad que Él suscitó ya nos ha liberado, y viene. Sí, Él viene con el poder del Amor.

Veamos nuestro acontecer diario. Hay muchas fatigas. No pocas veces hay dificultades que llevamos con pesadez, ansiedad, y corremos el riesgo de “perder horizonte”. Incluso puede acosarnos el frenesí. ¿Es digno el vivir de ese modo?. ¿Podríamos trabajar nuestro convencimiento para vivir “de forma distinta”, y si es así, de qué forma?. Pienso que mucho nos reconstituirá por dentro el detenernos un poco, a ver cómo reforzar (o recuperar) la esperanza verdadera, la cual es muy diferente de esa caricatura pseudoesperanzada de la “expectativa anxiógena”, de la fragmentación psicológica e incluso espiritual, a las cuales nos somete el mismo frenético modo de “durar en lucha” más que de “vivir” (de hecho, las ansias en cierto modo son sintomáticas de disturbios, en todos los órdenes de la vida humana). Claro, este cambio no resultará cual simple fruto de nuestro esfuerzo, es la Gracia la que tiene la preminencia, es la Gracia y el Don del Espíritu. Por eso, los invito a tomar muy en serio el querer recibir “la gracia especial” serenadora y sanante, de este tiempo propicio (es decir, de este “kairós”, como nos lo dice la Biblia).

Tenemos para lo anterior una poderosísima ayuda. María, la Madre y Señora, nos guía hoy de modo especialmente luminoso. María “la Mujer de la espera”, es, así, la imagen de la Iglesia que a su vez transmite y propaga la belleza del Salvador, y que con este vigor que viene de lo profundo, produce liberación. Hay mucho estruendo en nuestras conciencias, en nuestro psiquismo y en nuestro espíritu. Liberémonos del estruendo, revivamos la belleza de la oración, como lo hemos hecho en el rezo de las vísperas cantadas en la misa en la iglesia catedral, un modo en el que hemos visto con los ojos de la fe cómo el espíritu recibe liberación con la oración sálmica, lo cual decía ya el Padre de la Iglesia San Juan Crisóstomo: “Nada eleva el alma, le da alas, le aleja de la tierra, le libera de los lazos del cuerpo y le invita a meditar, a pensar adecuadamente las cosas de este mundo, como la armonía (…) que expresa la divina melodía con mesura[1].

 

Detengámonos un poco a considerar… Liberémonos, o, mejor, dejémonos liberar, de las ansiedades que nos acosan. Dios es eterno. Su salvación, realizada en Cristo, “ad-viene”, viene hacia nosotros, en el corazón de los acontecimientos de nuestra historia, para encaminarnos al encuentro de Quien nos amó primero, quien nos da de su Espíritu de consuelo, quien ·”llegó”, “está” y a la vez , en el sentido de la esperanza, “se acerca”, hasta que la historia del mundo llegue a ese fin el cual a la vez iniciará una plenitud, en el eterno presente de Dios, instante del que “no conocemos ni el día ni la hora” (Cf Mt 25, 13). Pidamos el Don del aumento de nuestra fe, en el Año de la Fe.

 

 

LLEVAR LA LUZ DE BETHLEHEM.. LA CASA DEL PAN

El Adviento nos potencia y nos previene, y lo hace “afianzándonos”. ¿Qué actitud se requiere de nosotros?. Más que el optimismo naïf, siempre es el realismo de la esperanza, en la fe, el que nos alimenta y consolida. El Adviento nos alimenta, pues desde esa perspectiva constituye como una renovada “Casa del Pan”, una “Bethlehem”, un Belén esperanzador.

Adviento nos alimenta y nos previene respecto del optimismo desmesurado como del pesimismo desesperanzado y del nihilismo; pensémoslo, porque no pocas veces nos asaltan tentaciones, de “no querer ver”, lo cual pareciera, al menos en primera instancia, menos problemático para nuestras vidas, pero no es así. En cambio si nos atrevemos, si osamos mirarnos  a nosotros mismos y luego no quedarnos dentro sino salir para abrirnos a la luz de la verdad (lo cual no es tan frecuente, se requiere valor para hacerlo), entonces constataremos cuánta necesidad de sanación, de conversión, hay en nosotros (y en los demás). Osemos también verlo en lo que concierne a nuestra misión en la Iglesia, lejos del optimismo artificial y del pesimismo, como nos lo aconseja este pensamiento: “(…) hay un optimismo fácil y muy artificial, el cual presupone que todo es bueno y que todos nosotros somos buenos. No es ésta la realidad del hombre de hoy. Si fuera así, no tendríamos droga, ni suicidios (…) Cómo sería agradable hablar sólo de cosas buenas y bellas. Mas los hombres vienen a nosotros porque sufren y necesitan una respuesta verdadera a sus pena profundas (…) Necesitamos tener una fuerza nueva, estar convencidos que tenemos en nuestras manos los medios para curar a los hombres, que es nuestro deber entregarles esta palabra de salvación y que ella es verdaderamente muy necesaria para el hombre (…)[2].

En este contexto de “fuerza nueva”, para la figura de la luz, hemos previsto un símbolo coadyuvante con el cual comenzar el Adviento. Hoy hemos un gesto especial en nuestra iglesia catedral de Santa Florentina, un símbolo: “la luz de la paz de Belén” que cada año un niño scout austríaco enciende en la gruta del Nacimiento de Jesús en Belén y la lleva hasta ese país, Austria, desde donde, en una ceremonia que profundiza en el ecumenismo y el diálogo intercultural e interreligioso, se distribuye luego a parroquias, hogares particulares, hospitales, asilos, prisiones…

Con esa luz hemos encendido hoy por la tarde el primer cirio, el azul, de la “corona de Adviento” en el presbiterio de la iglesia. ¡Es un gesto que respira amor!. Lo hacemos con agrado, tanto más en presencia de tantos niños que asistieron (scouts y muchos otros) pues el símbolo sirve y vale si lo sabemos apreciar, y sobre todo si queremos realizar “lo que simboliza”. El símbolo tiene “algo” de lo simbolizado; en el gesto de la “luz de la paz de Belén” de Galilea, hay algo del trascendental belleza, definida como quae visa placent[3], hay, diríamos, una simbólica contagiosa chispa del esplendor de la verdad.

Pero la Liturgia del Adviento es el “gran símbolo”. Para nosotros, en la plenitud de Cristo, nos hace reflexionar, con una renovada luz, en lo más importante, que es entregarnos a la adoración de Dios. La plenitud la tenemos, sólo debemos dejar entrar en nosotros la Presencia real, vivir de la Presencia eucarística, dejar entrar en nuestros corazones la relación intrínseca, amorosa, entre la eucaristía y la adoración[4].

Pastores y fieles nos comprometemos en este nuevo Adviento a llevar luz, pues esparcir obscuridad es lisa y llanamente una emanación del pecado. En especial a los consagrados, les recuerdo, me lo recuerdo a mi mismo, comprometámonos más, con mayor fervor, ése que caracteriza a la “nueva evangelización” a ser “luz y sal”, como nos lo pidió Cristo Señor, Hijo de Dios vivo, el cual vino para salvar a su pueblo de sus pecados (Cf. Mt 1,21) y para santificar a todos los hombres.

Sintámonos deudores para con una misión recibida pues como Él ha sido enviado por el Padre, así envió a sus apóstoles (Cf. Jn 20,21), a los que santificó, dándoles el Espíritu Santo, a fin de que, a su vez, glorificasen al Padre en la tierra y salvaran a los hombres, «por medio de la edificación de su cuerpo» (Ef 4,12), que es la Iglesia.

Entonces el obispo también desea decirles esto: que hoy quiere expresar ante ustedes su necesidad de conversión y renovada misión como profeta y servidor, porque los obispos, puestos por el Espíritu Santo, suceden a los apóstoles como pastores de almas, y junto al Sumo Pontífice y bajo su autoridad tienen la misión de perpetuar la obra de Cristo, Pastor Eterno, y es por eso que son auténticos maestros de la fe, pontífices y pastores[5]. Convencido de este servicio al que el Señor nos llama y al cual le hemos entregado la vida, les digo que hoy, aquí, el símbolo de la luz nos recuerda que esta iglesia catedral es también Casa del Pan para la diócesis, la Iglesia misma es Casa del Pan, Bethlehem, para la humanidad, para llevar en la misión, la Luz de Cristo.

 

EL FIN DE “UN MUNDO” SIGNADO POR EL EGOÍSMO

En la Palabra de este primer Domingo de Adviento hubo referencia a “un fin”. ¿Hemos escuchado con atención el Evangelio?. La liturgia inicia hoy la celebración del primer domingo de Adviento, con un trozo del Evangelio de Lucas (Lc 21, 25-28. 34-36). Llegarán los días…” nos dijo el Señor, invitándonos a estar despiertos, prevenidos, invitándonos a la vigilancia; más que sucumbir al miedo, a vigilar, velar.

Todo se pasa, Dios no se muda” nos enseñó en poesía Santa Teresa de Jesús. Este mundo pasa, todos nuestros acontecimientos, tan significativos, de tanto peso y espesor que son, o que simbolizan o significan para nosotros, también pasan, por no decir cuán presto, si nos fijamos bien, pasamos nosotros por este mundo. Tempus fugit, huye velozmente, y qué pena da el ver que no poca gente (¿algunos consagrados pueden estar afectados también por ello?) parece “transcurrir” su tiempo “como si Dios no existiera” o bien como si “nuestro tiempo” fuera “un vacío a llenar con nuestro propio “relleno”.

Pero vacío, en sí, no hay. Con divina sabiduría, el Evangelio nos invita a vivir con plenitud, el cristianismo es plenitud. Y si en realidad hemos escuchado (shemá) el Evangelio de hoy, descubrimos que Jesús anuncia para un “cuando” que sólo el Dios Altísimo conoce, la inminencia de su retorno como “en gloria presencial” (Kebod, Shekihah, ambas juntas), y esto con un previo proceso, el de nuestra historia, la historia del mundo, es decir, un iter… que se desarrolla en el tiempo, hasta que su Aparecimiento sea anunciado “a la voz del Arcángel y al son de la trompeta de Dios” (Cf 1 Tes 4, 16).

¿Y mientras tanto –podemos preguntarnos- cómo obrar?. Orar y vivir, trabajar y amar. El pasaje evangélico de este primer Domingo del Adviento se despliega a la manera de un “díptico”, presentando, por un lado, una especie de “de-creación” cósmica, y una “re-construcción” sobrenatural, con “la Venida”. Mientras tanto, y sabiendo que, en cierto sentido y en cierta medida, algo de cada uno de los postigos de ese “díptico” a venir, ya los vivimos día a día, crezcamos en la fe, no nos dejemos ganar por el miedo o la desesperanza, y sepamos que lo único que puede destruirnos es el pecado como alejamiento de Dios y de su Amor, como “frustración” en lo particular de nuestras vidas, del proyecto de la divina Sapiencia.

En síntesis, podrían incluso caer a plomo los astros que Dios mismo colocó en el firmamento, podrán desencadenarse los elementos en la tierra (todo eso, si Él lo quiere o permite, será para un mayor bien, en su “Proyecto”).

Pero, como tal, es el pecado en tanto negación, aversión, rechazo al Amor divino y sus consecuencias, lo único que atrae des-construcción, lo que provoca la muerte del alma. Aunque se cayera el mundo material, aun así, en su caída, ésta, por vertiginosa y potente que fuere, nunca podría destruir nuestra unión con Cristo, si confiamos de verdad en Él. Dios es fiel, admiremos su “fidelidad” (el bíblico emét), ni un cabello de nuestra cabeza cae sin su permiso.  

Creo que uno de los sentidos convergentes que podemos dar al pasaje evangélico –también aunque no sólo- es que en cada Adviento “muere” y “termina”, “cae” un mundo signado por el egoísmo, y el odio, y renace, por la fidelidad de Dios, la reconciliación. Un día terminará el mundo y vendrá el Justo Juez. En este tiempo, mientras tanto, la Iglesia, dentro de los particulares espacios para la belleza que nos proporciona, nos da en el Adviento la armonía en la justa proporción, para poder admirar la Liturgia y no caer en el puro activismo; así como tampoco en la pereza y las omisiones, tan letales.

La Iglesia, diría, nos presenta en el Adviento a considerar “la actitud del que admira”, como decía ese muy buen teólogo y gran persona que fue el (difunto) Padre Servais Pinckaers: “La admiración constituye a nuestro parecer la fuente más profunda de la energía y de la calidad (…); ningún imperativo se la puede igualar (…) Dime lo que admiras y te diré quién eres[6]. En este aspecto, la fe implica también admiración, en la medida en que ésta “nos abre” más y más, con humildad, a la luz de Dios.

Contemplativos para la acción (como decía el Cardenal Eduardo Pironio), pienso que así hemos de ser. Por eso, la actitud admirativa acerca de las obras de Dios, proyecta “un rayo de luz”, como ese rayo al que se refiere el Papa Benedicto XVI en Porta Fidei, aludiendo a la carta de Pedro: “Las palabras del apóstol Pedro proyectan un último rayo de luz sobre la fe: «Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo (…) alcanzando así la meta de vuestra fe; la salvación de vuestras almas» (1 P 1, 6-9)”[7].

 

JESÚS, EL ALFA Y OMEGA, VIENE

 

La otra cara del díptico, como hemos dado en llamarlo, del Evangelio de hoy, nos habla de la venida del Hijo del hombre: “sobre una nube, lleno de poder y de gloria”. Lo creemos, lo esperamos. Mientras tanto, ciertos de la Resurrección gloriosa, nuestra conversión consistirá en “abrirnos de corazón” al proyecto de Cristo, el proyecto de un mundo nuevo y de la nueva creación; abrirnos, en última instancia, y permítanme que lo repita, pues ya lo he dicho, “a la adoración”, que nos abre a horizontes infinitos…. A decir verdad, podríamos considerar que si testimoniáramos más y con mayor realidad irradiante esto dicho, con seguridad no habría en el mundo que nos rodea tanto vacío existencial.

La entera Liturgia nos lleva a amar y adorar, a dignificarnos y a dignificar, tal como en una oportunidad lo dijera el Papa Pablo VI: De nada serviría la reforma litúrgica si no aumentaran en la Iglesia los verdaderos adoradores del Padre en espíritu y verdad, conscientes de su dignidad de miembros del Cristo, que está presente de modo eminente en la comunidad del culto y ofrece con nosotros su sacrificio a Dios[8].

Por cierto, dicho último pero no menos importante, la Liturgia nos lleva a la vida, a realizar en la vida la caridad de Cristo, que nos apremia, la caridad interpersonal, social, al amor hasta que duela, hasta dar la vida, como en una “teodramática” a la manera de Von Balthasar, con ese teo-dramatismo del Sí, del “Amén”.  

Será entonces la ocasión de contemplar este misterio, en este Adviento, con la viva admiración como a una viviente obra de arte, la cual, precisamente por serlo, como decía M. D. Philippe, nos “lleva al misterio del cuerpo glorioso de Cristo[9].

Dios es fiel, su fidelidad es grande, tengamos confianza en el Señor, por difíciles que sean las circunstancias que nos toca vivir (y lo son). Obremos en consecuencia, en las circunstancias concretas de nuestra vida, con la Cruz Pascual que el Señor nos dé, sea como fuere el devenir de la figura de este mundo, orando y trabajando por la realización, muy noble, leal, realística y esperanzada, de la “luz de la paz de Bethlehem” porque, al final, en última instancia, nos sucediera lo que nos sucediera: ¿quién podrá separarnos de Dios?.

Estamos unidos al Señor, el Principio y el Fin; el que es, y que era, y que viene, el Todopoderoso. Él nos ha salvado; Él viene. Nada puede separarnos de su Amor. Con la ayuda materna de la Virgen Madre de la Iglesia, a quien le imploramos protección, guía, que nos tenga de su mano amorosa, a nosotros, nuestras familias, nuestras comunidades.

 

+Oscar Sarlinga

Sábado 1ro de diciembre de 2012, víspera del I Domingo de Adviento


[1] SAN JUAN CRISÓSTOMO, Expositio in psalmum 41, 1: PG 55, 156.

[2] J. RATZINGER- Davanti al protagonista. Alle radici della liturgia. Cantagalli. Sena 2009, pp. 59. 60. 61.

[3] SANTO TOMÁS DE AQUINO, Summa theologiae, I, 5, 4 ad 1m.

[4] Cf. BENEDICTO XVI, Adhortatio apostolica Sacramentum caritatis (22-II-2007), n. 66: AAS 99 (2007) 155-156.

[5] Cf. CONC. VAT. II, Cost. dogm. sobre la Iglesia Lumen Gentium, cap. III, nn. 21, 24, 25: AAS 57 (1965), pp. 24-25.29-31 [pag. 163ss, 173ss].

[6] SERVAIS Th. PINCKAERS, À l´école de l´admiration. Saint Paul. Versalles 2001, p. 5.

[7] BENEDICTO XVI, Carta Apostólica en forma motu proprio PORTA FIDEI con la que se convoca al Año de la Fe, dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de octubre del año 2011, n. 25.

[8] PABLO VI, Discurso al Colegio Cardenalicio, 22-VI-1973: AAS 65 (1973) 382.

[9] M.-D. PHILIPPE, Philosophie de l´art. Ed. Universitaires. París 1994, p. 51.




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