Archivo para 31 enero 2010

31
Ene
10

FUE INAUGURADO SOLEMNEMENTE EL JUBILEO VISITANDINO EN EL MONASTERIO DE LA VISITACIÓN DE PILAR

El domingo 24 de enero fue solemnemente abierto el Año Jubilar Visitandino en el Monasterio de la Visitación de María, en Pilar (diócesis de Zárate-Campana), con la presencia de la Rvda. Madre Priora Silvia Cincotta, las monjas de clausura, y la concelebración de Mons. Herrera, pro-vicario general, el Pbro. Jorge Ritacco, de Ntra. Sra. del Pilar, el P. Iván Pertiné, de la Sociedad de San Juan, y los sacerdotes pertenecientes a esta sociedad de vida apostólica, seminaristas, hermanos religiosos, religiosas de distintas congregaciones, y numerosos laicos, en la eucaristía presidida por el Obispo Mons. Oscar Sarlinga.

En efecto, el Monasterio de la Visitación de Santa María, más conocido como ” de las Monjas Salesas” se convirtió ese día en un punto de encuentro de fieles de diversos lugares de la diócesis y de ciudades vecinas, también de Buenos Aires, para inaugurar el mencionado Año Jubilar Visitandino (1610-2010) en conmemoración de los 400 años de la fundación de la Orden de la Visitación de Santa María por parte del Obispo San Francisco de Sales.

Durante la homilía destacó Mons. Sarlinga la figura de San Francisco de Sales, nombrado “Obispo de Ginebra” (en la actual Suiza, pese a que la ciudad entró oficialmente en la Confederación helvética recién en 1801), en cuya diócesis nunca pudo tomar posesión, en razón de haberse convertido en sede del calvinismo, y habiendo debido residir, por esa razón, siempre siempre en Annecy (Francia), desde donde irradió su apostolado, visitando a las familias, también clandestinamente, en Ginebra, y vestido de paisano, para no ser reconocido y apresado, y habiendo distribuido numerosas cartas de carácter pastoral entre las familias que permanecieron católicas en la zona, en razón de cuya “actividad gráfica” fue declarado patrono de los periodistas. Dijo Mons. Sarlinga que “toda la región Centro-Oriental de la Francia, notablemente el Chablais, se benefició de la reevangelización por parte de San Francisco de Sales, en una oración y actividad incansables, como verdadero Pastor que dio la vida por el Rebaño que le había sido encomendado”, y que la fundación de la Visitación correspondió a una gran intuición sobre constituir “un faro para la humanidad”, por la iluminación de tantas conciencias por la Gracia divina, en razón de la oración de las monjas, que se ofrecen como almas víctimas por quienes sufren, por quienes más lo necesitan, por los pecadores, por los que no creen, por los que ya no tienen esperanza”.
El Obispo llamó a las religiosas a seguir siendo, en el mundo de hoy, también ese “faro para la humanidad” que quiso San Francisco de Sales, quien las fundó en 1610 junto con Santa Juana Francisca de Chantal. Con el trabajo de ambos dieron a resurgir una congregación dedicada a la vida contemplativa y marcada por la ayuda a los pobres como modo de vida regida por los votos simples que se convertirán en solemnes y de clausura con la regla de San Agustín, años más tarde, que guiaron la forma de vida de las religiosas que viven en clausura en el Monasterio de Pilar. Con una eucaristía donde tanto ofrendas como lecturas se centraron en torno a la conmemoración de los 400 años del nacimiento de la fundación, se iniciaron los diversos actos del Jubileo Visitandino que se celebrarán a lo largo de todo el año. El decreto con las indulgencias concedidas por la Penitenciaría Apostólica fue leído por Mons. Santiago Herrera al inicio de la misa, luego del saludo inicial. Durante este Año Jubilar podrán lucrarse visitando la iglesia del Monasterio, y la indulgencia plenaria con las debidas condiciones (recibimiento digno de los Sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, y oración por las intenciones del Papa) el 24 de enero (Solemnidad de San Francisco de Sales y comienzo del Año Jubilar), el 6 de junio (400.º Aniversario de la Fundación de la Orden), el 11 de junio (Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús), el 12 de agosto (Solemnidad de santa Juana Francisca Fremiot de Chantal), y el 13 de diciembre (Tránsito de santa Juana Francisca Fremiot de Chantal y clausura del Año Jubilar); o bien, una sola vez, en un día elegido por cada fiel, o en visita de peregrinación en grupo.
Mons. Sarlinga relacionó también en su homilía la providencialidad de la Fundación, con la vocación de Santa María Margarita Alacoque, y sus visiones del Sagrado Corazón, y los mensajes que han hecho tanto bien en la Iglesia a los largo de los siglos, así como la visita de las reliquias de la Santa a la diócesis de Zárate-Campana (a Pilar, Presidente Derqui, Campana y Belén de Escobar) y a otras diócesis de la República, así como la consagración de la diócesis de Zárate-Campana al Sagrado Corazón de Jesús, el 9 de mayo de 2009.
Luego de la celebración de la Misa, el Obispo y los sacerdotes saludaron a la Priora y a las religiosas desde la clausura, y a continuación lo hicieron los fieles presentes en gran número.

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29
Ene
10

Sacerdocio y mundo digital

Por SIC el 29 de Enero de 2010

En el marco de la reciente presentación del mensaje del Papa Benedicto XVI para la 44 Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales, monseñor Claudio Maria Celli, Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, confía en exclusiva a H2onews, la importancia del tema con relación al año sacerdotal que la celebra Iglesia Universal.

“Este año el Papa ha elegido un tema particolar en conexión con el año sacerdotal, el tema es “el sacerdote en el mundo digital, los nuevos medios de comunicación al servicio de la palabra.“Es interesante porque el Papa en su mensaje habla del papel que el sacerdote juega, ejercita, en el campo de la pastoral digital, pero no se dirige solamente a los sacerdotes”.

“El mensaje se dirige a toda la Iglesia, que deve descubrir poco a poco el papel que juega el sacerdote en el nuevo campo de la pastoral del mundo digital”.

La tarea fundamental de todo sacerdote es el amor del mensaje evangélico y ser ejemplo de la Palabra de Dios para todos los miembros de la Iglesia y recordar a todos los hombres de la humanidad la buena noticia.

“El tema es importante porque el Papa reconoce que el sacerdote en este sector debe mantener una grande fidelidad al mensaje evangélico, debe ser un testigo apasionado de la Palabra de Dios, debe recordar, como dice el texto, a esta humanidad perdida que Dios está cerca, que Dios ama al hombre, éste es el tema fundamental de la buena noticia, del grande anuncio”.

Monseñor Celli puntualiza la invitación que el Papa dirige en su mensaje, con esta sucinta frase:

“Me parace que éste es el gran desafío, el anuncio sereno, profundo, que implica que el Papa dirige a todos nosotros con su mensaje en la 44 jornada mundial de las comunicaciones sociales”.

Como vemos, nuestro Papa Benedicto XVI no deja de sorprendernos. Y, como hemos dicho, esta vez lo ha hecho con el “Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales”, que inserta en el año sacerdotal desde una perspectiva tan original como sorprendente. Baste pensar que su lema es «El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra». Lo que el Papa quiere, en última instancia, es que los sacerdotes incorporen cada vez más a su acción pastoral el mundo de las nuevas tecnologías.
Es evidente que la tarea primaria del sacerdote es la de anunciar a Jesucristo y comunicar la multiforme gracia divina que nos salva mediante los sacramentos. Lo que ocurre es que los medios modernos de comunicación dan a la Palabra una capacidad de expresión y difusión casi ilimitada, y abren enormes perspectivas a la acción evangelizadora de la Iglesia. Las autopistas de la comunicación digital se han convertido en un instrumento de intercomunicación tan poderoso, rápido y eficaz, que no usarlas sería una grave irresponsabilidad.
Esta realidad sitúa al sacerdote –en palabras del Papa- ante el umbral de una «nueva historia», porque en la medida en que las nuevas tecnologías susciten relaciones cada vez más intensas y más se amplíen las fronteras del mundo digital, «tanto más se verá llamado el sacerdote a ocuparse pastoralmente de este campo».
El mandato de Jesucristo «Id al mundo entero, y predicad el Evangelio» pasa hoy, necesariamente, por el uso constante y gozoso de los medios digitales de comunicación. Por eso, el Papa no duda en afirmar que los sacerdotes, además de valerse «de los medios tradicionales, ha de hacerlo también de los que aporta la nueva generación de medios audiovisuales: foto, video, animaciones, blogs, sitios web» para «la evangelización y la catequesis».
Evidentemente, el sacerdote seguirá necesitando una sólida formación teológica y una honda espiritualidad para descubrir al hombre de hoy el rostro de Cristo. Pero a esta formación hay que “unir el uso oportuno y competente de los medios digitales». La formación doctrinal y espiritual y el uso de los medios de comunicación han de ensamblarse en perfecta unidad y tener siempre delante el mismo horizonte: anunciar a los hombres y mujeres, especialmente a los no creyentes, la persona y doctrina de Jesucristo Salvador.
Uno se imagina con qué alegría y empeño se hubiera acercado san Pablo, el apóstol por antonomasia de los paganos, a esta tecnología digital, si hubiera existido en su época, a los fines de hacer llegar el mensaje salvador hasta el último rincón del planeta.
Porque hoy dìa, hay que reconocerlo, es una realidad que una página web o un blog pueda llegar al lugar más alejado de la civilización. Y es posible entrar en contacto creyentes de cualquier religión, con no creyentes, así como con personas de todas las culturas.
De todos modos, los medios masivos de comunicación, y las modernas tecnologías, por sorprendentes que sean, han de ser usadas con fundamento en los valores, en las virtudes, en la alegría de evangelizar y de construir la civilización del Amor. En ese sentido, no se trata tanto de “estar por el simple hecho de estar presente” en dichos medios, o de simplemente “hacer uso de ellos”. Presuponiendo esto último, lo que tenemos que tener ante la vista es concebirlos como “instrumentos” al servicio de la evangelización y de la dignidad de la persona humana, de su promoción humana integral.
Es en este aspecto como el sacerdote ha de ser siempre consciente de ser un “servidor de la Palabra” que salva y favorece el desarrollo humano integral. De ahí que, como señala el Papa, siempre hay que asegurar «la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales». Los medios tendrán la calidad humana y espiritual de las personas que los manejan y llevan adelante. Misión del sacerdote es “animar a esas personas”, en el sendido de “darles alma”, derramando sobre ellas todo su caridad y celo pastoral.

28
Ene
10

EL PAPA INSTA A LOS SACERDOTES A USAR DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE COMUNICACIÓN, ENTRE LAS CUALES LOS BLOGS

La exhortación del Papa Benedicto XVI llegó mientras enfatizaba que los sacerdotes deben aprender a utilizar nuevas formas de comunicación para propagar el mensaje del evangelio
En su mensaje a la Iglesia Católica Romana durante el día mundial de las comunicaciones, el pontífice de 82 años, que no es un fanático de las computadoras e internet, reconoció que los religiosos deben sacar el mayor provecho del “rico menú de opciones” ofrecido por nuevas tecnologías.

“Por consiguiente los sacerdotes son llamados a proclamar el evangelio por medio del uso de la última generación de recursos audiovisuales -imágenes, videos, elementos de animación, blogs, sitios web- que junto a medios tradicionales pueden abrir nuevos panoramas para el diálogo la evangelización y la catequesis”, comentó.

Los sacerdotes, agregó, tienen que responder al desafío de “los cambios culturales de hoy”, si quieren llegar a personas jóvenes. Pero Benedicto XVI hizo una advertencia a los religiosos que no intenten convertirse en estrellas de los nuevos medios.

“Los sacerdotes presentes en el mundo de las comunicaciones digitales deberían ser menos notables por su inteligencia mediática que por su amor al oficio religioso”, indicó.

Tras décadas de haber permanecido receloso de los nuevos medios, el Vaticano decidió utilizar las nuevas tecnologías. El año pasado, el Vaticano lanzó un nuevo sitio web: www.pope2you.net, ofreciendo una aplicación llamada “The pope meets you on Facebook” (“El Papa te encuentra en Facebook”) y otra que permite a los fieles ver los discursos del líder religioso en sus iPhones o iPods.

(tomado de Infobae, edición digital del 23 de enero de 2010)

25
Ene
10

BARUJ TENEMBAUM, PIONERO DEL DIÁLOGO JUDEOCRISTIANO

Carta de Oscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana (Argentina)

BUENOS AIRES, sábado, 23 de enero de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos la carta que envió en el día en el que Benedicto XVI visitó la gran sinagoga de Roma, el 17 de enero, monseñor Oscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana (Argentina), a Baruj Tenembaum, judío, fundador de la Fundación Internacional Raoul Wallenberg, pionero desde el pontificado de Pablo VI del diálogo judeocristiano.

* * *

Señor Baruj Tenembaum

De mi distinguida consideración

Agradezco de corazón su comunicación personal y su especial mención respecto de la celebración de este día 17 de enero de 2010, en que se da la feliz coincidencia (la cual nunca escapa a la Providencia divina) en que la Fundación Internacional Raoul Wallenberg que Vd. dignamente preside celebra un día de diálogo y memoria activa en homenaje a la desaparición heroica del benefactor del pueblo judío, el mencionado Raoul Wallenberg, diplomático sueco, y la visita del Sumo Pontífice Benedicto XVI a la Sinagoga de Roma.

Son ahora exactamente las 14 hora argentina, de este domingo 17, y me viene a la memoria cómo, de verdad, la historia es «Maestra de vida» («Historia Magistra vital») puesto que Vd. señor Baruj, nacido en “Las Palmeras” colonia de judíos de Europa Oriental en la provincia de Santa Fe, ha desplegado una indudable acción a favor del diálogo interreligioso, aún antes, de la mutua comprensión y simpatía entre judíos y cristianos, no menor en su dedicado trabajo respecto de palabra y acción de común con representantes de la Iglesia Católica.

Permítame recordar hoy el memorable enero de 1965, cuando, muy joven todavía, tuvo Vd. la honra de dialogar en audiencia con el Papa Pablo VI (primer Sucesor de Pedro en visitar la Tierra Santa-Israel), hasta la actualidad, ha hecho su leit motiv, la razón de su vida institucional y el de su Fundación, la conmemoración (incluso en el sentido bíblico de la palabra) de Raoul Wallenberg, hombre justo, porque extendió su brazo solidario a los hermanos judíos perseguidos por el nazismo, ese «ídolo surgiente» como ya lo había llamado, en los orígenes de aquél, el entonces Cardenal Eugenio Pacelli. Pensemos, respecto de esta frase, lo que en la concepción cristiana (y judía) significa “el culto a los ídolos”. E igualmente ha destacado Vd. con especial admiración y ardor la figura y acción del entonces Delegado Apostólico y luego Nuncio Angelo Roncalli, quien accediera al solio pontificio con el nombre de Juan XXIII, a quien ha promovido para su declaración de «Justo entre las Naciones».

Su vasta trayectoria, señor Baruj, y permítame que la recuerde, se traza en las huellas de innumerables peregrinaciones de católicos y judíos a Israel-Tierra Santa, las cuales lo llevaron a Vd. a fundar la Asociación Casa Argentina en Israel-Tierra Santa. Es bueno recordar la reminiscencia, o más bien, el recuerdo perenne, de todo ello respecto de nuestra patria argentina, con el magnífico mural de Raúl Soldi (de 1968) en la Basílica de la Anunciación, de Nazaret, que representa «el Hallazgo de la Virgen de Luján», símbolo netamente argentino de entre todas las ofrendas votivas de diferentes naciones. Siendo quien suscribe hoy el Obispo de Zárate-Campana (en cuya jurisdicción se encuentra el partido de Pilar) no podría dejar de mencionar que con probabilidad fue en la jurisdicción actual de esta diócesis (creada por Pablo VI en 1976) donde ocurrió «el milagro de Luján, en los pagos de Zelaya», según lo certificó y atestiguó el gran historiador Mons. Juan Presas; esto dicho sin ningún menoscabo del gran hecho de fe y de realidad concreta de contar con la perpetua presencia de la imagen auténtica en la magnífica Basílica de Luján. Prosiguiendo con la narración de este caminar, es también es la ocasión de hacer memoria de la iniciativa que Vd. tuvo, junto con el Emmo. Cardenal Antonio Quarracino (quien lo honró con su amistad), inolvidable Pastor de la Iglesia en la Argentina, Arzobispo de Buenos Aires, del mural con páginas de la Biblia y de devocionarios judíos rescatados del Holocausto, que fueron ubicados en la iglesia catedral primada.

Todas esas acciones, señor Tenembaum, se ubican en el contexto de los grandes pilares de nuestra común herencia, destacándose en el ámbito judío nombres célebres como los de Martin Buber (Cfr. MARTIN BUBER, Deux types de foi. Foi juive et foi chrétienne, Cerf, París, 1991, trad. cast.: Dos mundos de fe, Caparrós, 1996), y Franz Rosenzweig (Cfr. FRANZ ROSENZWEIG,Stern der Erlösung, Frankfurt, 1921, trad. francesa: L’étoile de la Rédemption, Seuil, (1971), París, 1982, trad. cast.: La estrella de la Redención, Sígueme, 1997), o en Argentina el Rabino León Klenicki, director del ADL’s Department of Interfaith Affairs, sin excluir a otras destacadas personalidades, algunas actuales.

Como dije, en su comunicación me decía Vd. con sentimiento que se conmemora la desaparición, en 1945, del diplomático sueco Raoul Wallenberg, detenido y desaparecido por el ejército soviético luego de salvar las vidas de decenas de miles de judíos en Hungría, ocupada por el nazismo. Un testimonio de tal magnitud -junto con el de muchos otros- sigue interpelándonos y llamándonos a la responsabilidad, más aún, a la corresponsabilidad, en el diálogo interreligioso, sereno, profundizador de la verdad, en el aprecio mutuo de nuestras culturas, en el diálogo de las religiones (las del tronco abrahamítico, sin excluir a ninguna otra, como nuestra responsabilidad más próxima), lo cual es, me atrevo a decir, condición básica para la paz en el mundo.

En el proyecto del Señor, se da que hoy, 17 de enero, es la tercera vez que Benedicto XVI visita una sinagoga, la primera vez en Roma, después en Colonia (el 22 de agosto de 2005) y también en New York (el 18 de abril de 2008). Apenas acabo de ver un anticipo de las noticias en versiones digitales de diarios italianos en Internet. El Pontífice Romano Benedicto abre su corazón a los hermanos judíos, casi veinticuatro años después de que su inmediato predecesor, Juan Pablo II, en un gesto histórico, fuera el primer Papa que traspusiera el umbral de un Templo hebreo, el fausto 13 de abril de 1986.

Benedicto XVI ha sido recibido por la comunidad judía de Roma, marcando una etapa más en el camino de la concordia y la amistad entre nuestros pueblos, entre nuestras religiones. En el Ángelus de hoy por la mañana señalaba el Santo Padre que: “De hecho, a pesar de los problemas y las dificultades, entre los creyentes de las dos religiones se respira un clima de gran respeto y diálogo”, como se observa de la valoración común de lo que nos une: “ante todo, la fe en el único Dios, pero también la tutela de la vida y de la familia, la aspiración a la justicia social y a la paz” ( Benedicto XVI, Angelus del 17 de enero de 2009, en:http://www.radiovaticana.org/spa/Articolo.asp?c=349920). En su reciente discurso a la Curia romana, haciendo alusión a su reciente peregrinación a Tierra Santa, Benedicto XVI ha querido subrayar el significado de su visita a Yad Vashem, el Memorial del Holocausto en Jerusalén: “un encuentro sobrecogedor con la crueldad de la culpa humana, con el odio de una ideología ciega que sin justificación alguna ha condenado a millones de personas a la muerte y, de esta forma, ha querido extirpar del mundo también a Dios, al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, y al Dios de Jesucristo”.

Es nuestra común herencia. En ese marco, no podría olvidar, señor Baruj, que nuestro último encuentro programático, en Buenos Aires, respecto del diálogo judeo-cristiano (cuando quien habla era todavía Obispo auxiliar de Mercedes-Luján, y por consiguiente nuestro diálogo versó también la réplica de la Virgen de Luján, de Soldi), tuvo lugar en la misma tarde en que, en hora argentina, justo recibimos la noticia oficial del «Paso a la Casa del Padre» del querido Papa Juan Pablo II, en ese 2 de abril de 2005. He sabido por la agencia ZENIT y por otros medios internacionales que ha sido Vd. uno de los candidatos para el Premio Nobel del año 2009 (CfNobel Candidate Honors John XXIII, Artículo en ZENIT, en. www.zenit.org/article-28042?l=english, 14 de enero de 2010); por haber dedicado su vida a descubrir el heroísmo de seres humanos, y en lo que concierne al ámbito católico (que no es el único), como lo he dicho, señaladamente para con el Mons. Angelo Roncalli, luego Papa Juan XXIII, hoy declarado bienaventurado por la Iglesia católica.

Vemos en el heroísmo que nos transmitieron esos «testigos» que el Amor, sí con mayúsculas, y la solidaridad trascienden los límites de las nacionalidades, de las institucionalidades, y aún del miedo (esa pulsión-pasión difícil de refrenar) impuesto por regímenes totalitarios. Le reconozco a Vd. el sentido de justicia que tuvo también su implícito reconocimiento acerca de que Angelo Giuseppe Roncalli realizó esas destacadas acciones «mientras cumplía funciones como Delegado Apostólico en Estambul durante la segunda guerra mundial fue el responsable de salvar a numerosos judíos». Como Delegado Apostólico, justo es reconocer que representaba a quien era el Sucesor de Pedro.

El Santo Padre Benedicto nos ha pedido hoy en la Sinagoga de Roma que continúe el diálogo entre nosotros, que recordemos nuestra «común tradición» y nos ha exhortado a “reconocer al único Señor, contra la tentación de construirse otros ídolos, de hacerse falsos becerros de oro», así como a «despertar en nuestra sociedad la apertura a la dimensión trascendente, dar testimonio del único Dios» lo cual constituye «un servicio precioso que judíos y cristianos pueden ofrecer juntos».

Gracias al Señor, porque se puede dialogar. Gracias por la acogida del Gran Rabino, de Rabinos y representantes del mundo hebraico, al Papa. Gracias al Señor porque podemos aceptarnos mutuamente, gracias al Señor porque un Papa, Sucesor de Pedro, puede dirigir esas palabras en la Sinagoga de Roma, habiendo ingresado entre el aplauso cerrado de los ciudadanos italianos, de religión o tradición judía, y también de otros de colmaban el Templo.

Gracias al Señor porque podemos ver las diferencias que permanecen, y algunas dudas o heridas que quizá no estén del todo cerradas, pero podemos hacerlo con respeto, con mutua estima, y mirando hacia delante en un proyecto de vivir en armonía, mutua escucha, sana colaboración, y construcción de la civilización según principios cívicos y trascendentes.

Recientemente ha dicho el Gran Rabino de Roma, Riccardo Di Segni: “Nuestra amistad debe servir para demostrar que se puede testimoniar la propia fe en modo no ofensivo, no agresivo y no violento respecto de los otros creyentes, y de los otros seres humanos. Y es un mensaje importantísimo en la fase actual” (http://www.avvenire.it/Chiesa/intervista+Di+Segni_201001161304599400000.htm).

Un ejemplo significativo en nuestros días lo constituyen las reuniones entre la Santa Sede y elInternacional Jewish Congress, cuyo comité de enlace, por ejemplo, se reunió en Buenos Aires en julio de 2004 para tratar el tema Tzedek y Tzedaka, Justicia y Caridad, y en una declaración conjunta redactada entre católicos y judíos afirmó que “nuestro compromiso conjunto con la justicia tiene una profunda raíz en ambos credos. Recordamos la tradición de ayudar a la viuda, al huérfano, al pobre y al extranjero, según el mandato de Dios (Ex 22,20-22; Mt 25,31-46)”.

Nuestra corresponsabilidad en el diálogo interreligioso y en las acciones correspondientes, señor Baruj, creo que podríamos orientarla, junto con la profundización de nuestra herencia común, hacia la realización de la Justicia y la Caridad en el mundo de hoy, y las pongo así, con mayúsculas, porque son virtudes mayúsculas por excelencia, magníficas, humildes, instituyentes, hermanantes.

Son virtudes, o valores, si se los quiere ver así, que hemos de profundizar, acrecentar y poner en práctica, en particular en las religiones del tronco abrahamítico, resumidas en su origen más hondo: la paternidad de Dios Misericordioso y Fiel. Y esto en apertura y valoración de quien quizá no cree, o no profesa religión, pero espera un mundo mejor y está dispuesto a poner mente, manos y corazón para ello, para la consecución de la paz en un sentido integral.

Ojalá nos lo conceda Dios y lo pongamos en obra. El Amor todo lo vence.

Felicitaciones por su obra.

+Oscar Sarlinga

Obispo de Zárate-Campana

Argentina

Fuente: http://www.zenit.org/article-34029?l=spanish

19
Ene
10

LA MISIÓN CONTINENTAL EN NUESTRA DIÓCESIS

LA MISIÓN CONTINENTAL EN NUESTRA DIÓCESIS:
IMPLORAR Y VIVIR UN NUEVO PENTECOSTÉS EN NUESTRA IGLESIA PARTICULAR

En la “Carta pastoral de los obispos argentinos” con ocasión de la Misión Continental (aprobada por la 153ª Reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina el 20 de agosto de 2009, se nos dice, en el n. 1. que “(…) El acontecimiento de Aparecida ha sido para la Iglesia una invitación a renovar nuestro ardor apostólico y nuestro fervor. Cada uno de nosotros sabe lo que es “evangelizar” y lo que implica esta vocación en la Iglesia. Pues “anunciamos a nuestros pueblos que Dios nos ama, que su existencia no es una amenaza para el hombre, que está cerca con el poder salvador y liberador de su Reino, que nos acompaña en la tribulación, que alienta incesantemente nuestra esperanza en medio de todas las pruebas” (DA 30)”.
Bajo el amparo de la Virgen de Luján, Patrona de nuestra diócesis, Patrona de la Argentina, y de conformidad con nuestra pastoral diocesana, ya desde 2007 estamos como diócesis, en estado de misión, a comenzar por la dimensión misionera de la pastoral entera, y de la pastoral ordinaria en particular. En efecto, la pastoral ordinaria puede y debe conllevar una dimensión misionera, como tantas veces lo hemos reflexionado. En ZENIT.org, el lunes 1 octubre 2007 se publicaba: “En la ciudad argentina de Campana, «ya se ha puesto en marcha el espíritu que nos pedían los obispos de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida»”. Así lo fue en distintas ciudades y pueblos de nuestra diócesis. Con ese fin, y visto el valor del las Orientaciones del Consejo Episcopal Latinoamericano para la misión en nuestro continente, ofrecemos para la reflexión estas líneas, que manifiestan “la Iglesia en misión permanente”.
Veremos cómo están en consonancia con «Navega Mar adentro» y con nuestro «Plan Pastoral diocesano».

ORIENTACIONES DEL CELAM
http://www.celam.org/MisionContinental/orientaciones.doc.

I.
UNA IGLESIA MISIONERA EN EL CONTINENTE
EL ESPÍRITU NOS IMPULSA A LA MISIÓN

El documento conclusivo de la V Conferencia de Aparecida, recordando el mandato del Señor de “ir y hacer discípulos entre todos los pueblos”(1), desea despertar un gran impulso misionero en la Iglesia en América Latina y El Caribe. Esta es, sin duda alguna, una de las principales conclusiones de ese gran encuentro eclesial. Este impulso misionero se puede desglosar en cuatro consecuencias prácticas:
-aprovechar intensamente esta hora de gracia;
-implorar y vivir un nuevo Pentecostés en todas las comunidades cristianas;
-despertar la vocación y la acción misionera de los bautizados, y alentar todas las vocaciones y ministerios que el Espíritu da a los discípulos de Jesucristo en la comunión viva de la Iglesia.
-salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y amor, de alegría y de esperanza(2).
El Espíritu Santo nos precede en este camino misionero. Por eso confiamos que este testimonio de Buena Nueva constituya, a la vez, un impulso de renovación eclesial y de transformación de la sociedad.

NATURALEZA Y FINALIDAD DE LA MISIÓN
La misión es parte constitutiva de la identidad de la Iglesia llamada por el Señor a evangelizar a todos los pueblos. “Su razón de ser es actuar como fermento y como alma de la sociedad, que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios”(3). Por eso, la misión que se realice como fruto del encuentro de Aparecida debe, ante todo, animar la vocación misionera de los cristianos, fortaleciendo las raíces de su fe y despertando su responsabilidad para que todas las comunidades cristianas se pongan en estado de misión permanente.
Se trata de despertar en los cristianos la alegría y la fecundidad de ser discípulos de Jesucristo, celebrando con verdadero gozo el “estar-con-Él” y el “amar-como-Él” para ser enviados a la misión. “No podemos desaprovechar esta hora de gracia. ¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! ¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y amor, de alegría y de esperanza!”(4).
Así, la misión nos lleva a vivir el encuentro con Jesús como un dinamismo de conversión personal, pastoral y eclesial capaz de impulsar hacia la santidad y el apostolado a los bautizados, y de atraer a quienes han abandonado la Iglesia, a quienes están alejados del influjo del evangelio y a quienes aún no han experimentado el don de la fe.
Esta experiencia misionera abre un nuevo horizonte para la Iglesia de todo el continente que quiere “recomenzar desde Cristo” recorriendo junto a El un camino de maduración que nos capacite para ir al encuentro de toda persona, hablando el lenguaje cercano del testimonio, de la fraternidad, de la solidaridad.

LA IGLESIA EN MISIÓN PERMANENTE
La Iglesia en América Latina y El Caribe quiere ponerse en “estado permanente de misión”(5). Se trata de fortalecer la dimensión misionera de la Iglesia en el Continente y desde el Continente. Esto conlleva la decisión de recorrer juntos un itinerario de conversión que nos lleve a ser discípulos misioneros de Jesucristo. En efecto, “discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo él nos salva (cf. Hch 4, 12)”(6).
El “estado permanente de misión” implica ardor interior y confianza plena en el Señor, como también continuidad, firmeza y constancia para llevar “nuestras naves mar adentro, con el soplo potente del Espíritu Santo, sin miedo a las tormentas, seguros de que la Providencia de Dios nos deparará grandes sorpresas”(7). El mismo Espíritu despertará en nosotros la creatividad para encontrar formas diversas para acercarnos, incluso, a los ambientes más difíciles, desarrollando en el misionero la capacidad de convertirse en “pescador de hombres”.
En fin, “estado permanente de misión” implica una gran disponibilidad a repensar y reformar muchas estructuras pastorales, teniendo como principio constitutivo la “espiritualidad de la comunión”(8) y de la audacia misionera. Lo principal es la conversión de las personas. No cabe duda(9). Pero ello debe llevar naturalmente a forjar estructuras abiertas y flexibles capaces de animar una misión permanente en cada Iglesia Particular.

II.
LA MISIÓN CONTINENTAL
UNA ACCIÓN MISIONERA CONTINENTAL PARA UNA IGLESIA EN MISIÓN PERMANENTE

“A la pregunta ¿para qué la misión? respondemos con la fe y la esperanza de la Iglesia: nuestra misión es compartir la Vida que nos transmite Cristo.(10) “El Amor es el que da la vida; por eso la Iglesia es enviada a difundir en el mundo la caridad de Cristo, para que los hombres y los pueblos “tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10).”(11) De esta manera la Iglesia es “misionera sólo en cuanto discípula, es decir, capaz de dejarse atraer siempre, con renovado asombro, por Dios que nos amó y nos ama primero (Cf. 1 Jn 4, 10).(12)
Este dinamismo misionero se da en un momento muy propicio. “Cuando muchos de nuestros pueblos se preparan para celebrar el bicentenario de su independencia, nos encontramos ante el desafío de revitalizar nuestro modo de ser católico y nuestras opciones personales por el Señor, para que la fe cristiana arraigue más profundamente en el corazón de las personas y los pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante y encuentro vivificante con Cristo. Él se manifiesta como novedad de vida y de misión en todas las dimensiones de la existencia personal y social. Esto requiere, desde nuestra identidad católica, una evangelización mucho más misionera, en diálogo con todos los cristianos y al servicio de todos los hombres.”(13).
A esto nos ayuda la próxima realización del Congreso Misionero Latinoamericano-COMLA8 /CAM3, lo mismo que el Sínodo sobre la Palabra en la vida y misión de la Iglesia (2008) y la celebración del Año Paulino en 2008-2009.
La misión es un rasgo constitutivo de la Iglesia
Un objetivo esencial de la Misión Continental es tomar conciencia de que la dimensión misionera es parte constitutiva de la identidad de la Iglesia y del discípulo del Señor. Por eso, a partir del Kerigma, ella pretende vitalizar el encuentro con Cristo vivo y fortalecer el sentido de pertenencia eclesial, para que los bautizados pasen de evangelizados a evangelizadores y, a través de su testimonio y acción evangelizadora, nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños llegan a tener Vida plena en Él.
Para lograr ese objetivo “todos los bautizados estamos llamados a “recomenzar desde Cristo”, a reconocer y seguir su Presencia con el mismo realismo y novedad, el mismo poder de afecto, persuasión y esperanza, que tuvo su encuentro con los primeros discípulos a las orillas del Jordán, hace 2000 años, y con los “Juan Diego” del Nuevo Mundo. Sólo gracias a ese encuentro y seguimiento, que se convierte en familiaridad y comunión, por desborde de gratitud y alegría, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y salimos a comunicar a todos la vida verdadera, la felicidad y esperanza que nos ha sido dado experimentar y gozar”(14).

Medios para la Misión
Beber de la Palabra, lugar de encuentro con Jesucristo
Si el objetivo central de la Misión es llevar a las personas a un verdadero encuentro con Jesucristo, el primer espacio de encuentro con El será el conocimiento profundo y vivencial de la Palabra de Dios, de Jesucristo vivo, en la Iglesia, que es nuestra casa.(15).
La proclamación alegre de Jesucristo muerto y resucitado, a quien buscamos, y al “que Dios ha constituido Señor y Mesías” (Hech 2,36), ya es encuentro con la Palabra Viva, con Jesús mismo, la Palabra que salva.
Para entrar y permanecer en este lugar de encuentro con Cristo que es la Palabra, instrumento privilegiado de la misión, hay que destacar cinco metas particulares:
-el fomento de la “pastoral bíblica”, entendida como “animación bíblica de la pastoral, que sea escuela de interpretación o conocimiento de la Palabra, de comunión con Jesús u oración con la Palabra, y de evangelización inculturada o de proclamación de la Palabra”(16);
-la formación en la Lectio divina, o ejercicio de lectura orante de la Sagrada Escritura(17), y su amplia divulgación y promoción;
-la predicación de la Palabra, de manera que realmente conduzca al discípulo al encuentro vivo, lleno de asombro, con Cristo, y a su seguimiento en el hoy de la vida y de la historia;
-el fortalecimiento, a la luz de la Palabra de Dios, del tesoro de la piedad popular de nuestros pueblos, “para que resplandezca cada vez más en ella “la perla preciosa” que es Jesucristo, y sea siempre nuevamente evangelizada en la fe de la Iglesia y por su vida sacramental”(18).
La presentación de la vida de los santos, en especial de la Virgen María, como páginas encarnadas del evangelio que tocan el corazón y motivan el camino del discípulo hacia Jesús y del misionero hacia la gente.
“Por esto, hay que educar al pueblo en la lectura y la meditación de la Palabra: que ella se convierta en su alimento para que, por propia experiencia, vea que las palabras de Jesús son espíritu y vida (cf. Jn 6,63). De lo contrario, ¿cómo van a anunciar un mensaje cuyo contenido y espíritu no conocen a fondo? Hemos de fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la Palabra de Dios”(19).

Alimentarse de la Eucaristía
Un segundo medio para la misión es la Sagrada Liturgia, en especial, los sacramentos de la Iniciación Cristiana, signos que expresan y realizan la vocación de discípulos de Jesús a cuyo seguimiento somos llamados. De forma significativa, la Eucaristía es lugar privilegiado del encuentro del discípulo con Jesucristo. Y es, a la vez, fuente inagotable de la vocación cristiana y del impulso misionero; “allí, el Espíritu Santo fortalece la identidad del discípulo y despierta en él la decidida voluntad de anunciar con audacia a los demás lo que ha escuchado y vivido”(20).
Dentro de este segundo medio misionero, hay que destacar cuatro metas particulares:
Conducir, mediante la iniciación cristiana, a la incorporación viva en la comunidad, cuya fuente y cumbre es la celebración eucarística, y dedicar tiempo y atención al seguimiento de quienes son incorporados a la comunidad;
Cultivar en la celebración eucarística su dimensión de renovación de la Nueva y Eterna Alianza, lugar de encuentro con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, con los ángeles, los santos y entre los hermanos, de ofrecimiento de la vida del discípulo, cargando con su cruz, a la vez que de envío misionero.
-fomentar el estilo eucarístico de la vida cristiana, y recrear y promover la “pastoral del domingo”(21), dándole “prioridad en los programas pastorales”(22), para un nuevo impulso a la evangelización del pueblo de Dios(23);
-en los lugares donde no sea posible la Eucaristía, fomentar la celebración dominical de la Palabra, “que hace presente el Misterio Pascual en el amor que congrega (cf. 1Jn 3, 14), en la Palabra acogida (cf. Jn 5, 24-25) y en la oración comunitaria (cf. Mt 18, 20)”(24).

Construir la Iglesia como casa y escuela de comunión
Un tercer espacio de encuentro con Jesucristo es la vida comunitaria. “Jesús está presente en medio de una comunidad viva en la fe y en el amor fraterno. Allí Él cumple su promesa: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20)”(25). Formar comunidad implica abrazar el estilo de vida de Jesús, asumir su destino pascual con todas sus exigencias, participar en su misión, estar en actitud de permanente conversión y mantener la alegría del discípulo misionero en el servicio al Reino.
Dentro de este tercer medio para la misión, hay que destacar cinco metas particulares:
-fomentar la conciencia de comunión a nivel familiar para que cada hogar se convierta en una iglesia doméstica, en un santuario de la vida, donde se le valora como don de Dios y se forma en ese sentido a las personas, una verdadera escuela en la fe, un espacio en que crecen misioneros de la esperanza y de la paz;
-formar pequeñas comunidades cristianas, abiertas y disponibles, en sus diversas formas y expresiones. Cultivar en ellas la pastoral de la acogida para que las personas experimenten su pertenencia a la Iglesia de modo personal y familiar;
-profundizar la dimensión comunitaria a nivel parroquial, para que la parroquia sea en verdad una comunidad de comunidades(26);
-animar a las comunidades de Vida Consagrada para que busquen compartir su testimonio de comunión misionera con la gran comunidad eclesial;
-todo esto orientado a la renovación de las estructuras pastorales, a fin de impulsar una nueva forma de ser Iglesia: más fraterna, expresión de comunión, más participativa y más misionera(27).

Servir a la sociedad, en especial, a los pobres
Un cuarto medio de encuentro con Jesucristo y de acción misionera es el servicio a la sociedad para que nuestros pueblos tengan la vida de Cristo y, de un modo especial, el servicio a los pobres, enfermos y afligidos(28) “que reclaman nuestro compromiso y nos dan testimonio de fe, paciencia en el sufrimiento y constante lucha para seguir viviendo”(29).
Dentro de este cuarto medio para la misión, hay que destacar cuatro metas particulares:
-la fraternidad con los más pobre y afligidos, hermanos nuestros en quienes nos encontramos y servimos al Señor, y la defensa de los derechos de los excluidos(30), ya que allí se juega la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo(31);
-la renovación y fortalecimiento de la pastoral social, a fin de que exprese en signos concretos la opción preferencial por los pobres y excluidos, especialmente con las personas que viven en la calle, con los migrantes, los enfermos, los adictos dependientes, los niños en situaciones de riesgo y los detenidos en las cárceles(32);
-la atención pastoral de los constructores de la sociedad, que tienen la misión de forjar estructuras justas, que estén al servicio de la dignidad de las personas y de sus familias; como asimismo de los comunicadores sociales, para que alienten el crecimiento de una cultura que sea manifestación del reinado de Dios.
-el apoyo decidido a todas aquellas personas e instituciones que “dan testimonio de lucha por la justicia, por la paz y por el bien común, algunas veces llegando a entregar la propia vida”(33).
Los medios de la misión, en su conjunto, deben ser nuestro instrumento para lograr la gran meta: impulsar la realización de la Misión Continental de tal forma que las Iglesias del continente se pongan en estado de misión. Esto significa que la acción misionera intensiva sea tan motivadora, que asuman la misión permanente como plan pastoral.

Simultaneidad y signos compartidos
Para ser “continental” se requiere la visibilización latinoamericana y caribeña de ciertos momentos de la acción misionera, es decir, alguna simultaneidad y signos compartidos:
el tríptico obsequiado por el Papa Benedicto XVI en Aparecida, acompañado de una sencilla catequesis sobre su simbología de fe;
la oración propuesta por el mismo Papa para preparar la V Conferencia y aquella con que termina su Discurso Inaugural;
el logo utilizado en Aparecida puede seguir siendo distintivo para los misioneros y para los subsidios que se preparen para esa labor;
a éstos signos pueden asociarse otros actos inspirados y ojalá simultáneos relacionados con solemnidades litúrgicas, como la Encarnación o Pentecostés, o fiestas Marianas especialmente de las advocaciones de Aparecida (12.10) y Guadalupe (12.12).

LA PEDAGOGÍA DE LA ACCIÓN MISIÓN CONTINENTAL
5.1. Cinco aspectos de un proceso evangelizador

En el proceso de formación de los discípulos misioneros “destacamos cinco aspectos fundamentales, que aparecen de diversa manera en cada etapa del camino, pero que se compenetran íntimamente y se alimentan entre sí”: el Encuentro con Jesucristo, la Conversión, el Discipulado, la Comunión y la Misión(34).
Esto implica:
-conocer las búsquedas de las personas -y los pueblos- que Dios nos confía, y llevarlas a un encuentro con Jesucristo vivo,
-que suscita una actitud de conversión,
-y la decisión de seguir los pasos de Jesús,
-para que, viviendo en común-unión con Cristo, como con-vocados por Él(35), dentro de la comunión de la Iglesia, crezca y sea vivo un fuerte sentido de pertenencia eclesial,
-y un proceso de formación integral, kerigmática, permanente, procesual, diversificada y comunitaria, que contemple el acompañamiento espiritual,
-los bautizados asuman su compromiso misionero y pasen de evangelizados a evangelizadores, a fin de que el Reino de Dios se haga presente y así nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños tengan vida en Él.
Estas dimensiones del camino podemos explicarlas con palabras que encontramos en el mismo evangelio, y que describen el proceso de encuentro, formación y envío, de quienes reciben la vocación de ser discípulos misioneros para que los pueblos tengan vida en Cristo(36):
Todo comienza con una pregunta: “¿Qué buscan?” (Jn 1, 38). Comenta el documento de Aparecida 279 a: “Quienes serán sus discípulos ya lo buscan. Se ha de descubrir el sentido más hondo de la búsqueda, y se ha de propiciar el encuentro con Cristo que da origen a la iniciación cristiana”. (Búsqueda)
Los discípulos, que quieren encontrarse con Cristo, le preguntan: “Maestro, ¿dónde vives?” (Jn 1. 38). Jesucristo los invita a vivir una experiencia: “Vengan y lo verán” (Jn 1, 39), “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6). (Encuentro)
Encontrando a Felipe le dijo: “Sígueme”(Mt 4,19), y más tarde, junto al lago de Galilea, asombrados por la enseñanza del Maestro y por la pesca milagrosa, también Pedro, Andrés, Santiago y Juan, “dejándolo todo, le siguieron”. (Conversión y Discipulado)
Los llamó “para que estuvieran con él” (Mc 3, 14) y “permanecieran en su amor”, formando una comunidad de discípulos, que más tarde fue conocida por su solidaridad, y por su unidad en la oración, en la fracción del pan y en la enseñanza de los apóstoles (Cfr Hechos 3, 42ss). (Comunión)
Pero la llamada de Jesús al discipulado es inseparable de la vocación misionera. Ya en el encuentro a orillas del lago les manifiesta su propósito: “Os haré pescadores de hombres”, y cuando llama a los doce les dice explícitamente que los llama para “enviarlos a predicar” (Mc 3, 14). Y antes de ascender a los cielos, los envía “a hacer discípulos a todos los pueblos, bautizándolos …”(Mt 28,19) . (Misión)
Para lograr este proceso, y recuperar a personas que se han alejado “hemos de reforzar en nuestra Iglesia cuatro ejes”:
“un encuentro personal con Jesucristo, una experiencia religiosa profunda e intensa, un anuncio kerigmático y el testimonio personal de los evangelizadores, que lleve a una conversión personal y a un cambio de vida integral”;
“la vivencia comunitaria [pues] nuestros fieles buscan comunidades donde sean acogidos fraternalmente … Es necesario que nuestros fieles se sientan realmente miembros de una comunidad eclesial y corresponsable en su desarrollo”;
“una formación bíblica-doctrinal […] acentuadamente vivencial y comunitaria” que es necesaria para madurar la experiencia religiosa y se percibe como una “herramienta fundamental y necesaria en el conocimiento espiritual, personal y comunitario”;
“el compromiso misionero de toda la comunidad… que sale al encuentro de los alejados, se interesa por su situación, a fin de reencantarlos con la Iglesia e invitarlos a volver a ella”(37).
Hay que ser concientes que sólo surgirán discípulos misioneros si en el proceso enunciado, nuestras comunidades se comprometen con la evangelización de los bautizados que no tienen conciencia de ser discípulos, acompañándolos para que puedan vivir una maduración paulatina hacia la voluntad de servicio y, así, respondan al envío que el Señor les da por medio de la Iglesia.
En esta vivencia, la renovación de la conversión personal y pastoral de los pastores y de todos los consagrados es un elemento indispensable para que el testimonio coherente de vida sea el cimiento pedagógico fundamental.

5.2. Caminos hacia el encuentro con Cristo
Una auténtica propuesta de encuentro con Jesucristo debe tener en cuenta los siguientes elementos:
Una experiencia de la presencia de Jesucristo en la vida personal y comunitaria del creyente: en la lectura meditada y eclesial de la Sagrada Escritura; en la celebración eucarística, fuente inagotable de la vocación cristiana y fuente inextinguible del compromiso misionero; en el dinamismo de una vida comunitaria, participativa y fraterna; y en el servicio a los pobres y excluidos;
Una revalorización de la piedad popular, la cual es una “manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia y una forma de ser misioneros, donde se recogen las más hondas vibraciones de la América profunda”(38).
Un fortalecimiento de la presencia cercana de María, “imagen acabada y fidelísima del seguimiento de Cristo”(39), a la vez que madre y educadora de discípulos misioneros de Jesucristo(40); un rescate de los testigos del Evangelio en América, varones y mujeres que vivieron heroicamente su fe en un camino de santidad, junto a aquellos que derramaron su sangre en el martirio”(41)

5.3. Pedagogía del encuentro y de la comunión
Pedagogía del encuentro: La misión debe realizarse dentro del dinamismo de la pedagogía del encuentro que puede darse de persona a persona, de casa en casa, de comunidad a comunidad(42). Siendo que todo pastor –lo que vale también para cada misionero- ha de reflejar al Buen Pastor, es evidente que nuestra pastoral tiene que estar entretejida de encuentros, en la sencillez, la cordialidad, la solicitud, la escucha y el servicio a los demás. ”En este esfuerzo evangelizador, la comunidad eclesial se destaca por las iniciativas pastorales, al enviar, sobre todo entre las casas de las periferias urbanas y del interior, sus misioneros, laicos o religiosos, buscando dialogar con todos en espíritu de comprensión y de delicada caridad”(43).
Pedagogía de Comunión. Es importante realizar la misión en el continente como gran expresión de comunión. Que se manifieste la comunión con Dios en la oración unánime, implorando con María, la madre de Jesús, el Espíritu Santo, y la unidad con el Papa, entre las Conferencias Episcopales y entre las Iglesias particulares, ayudándose recíprocamente en su realización, especialmente en personal y recursos;
“Toda Iglesia particular debe abrirse generosamente a las necesidades de las demás. La colaboración entre las Iglesias, por medio de una reciprocidad real que las prepare a dar y a recibir, es también fuente de enriquecimiento para todas y abarca varios sectores de la vida eclesial. A este respecto, es ejemplar la declaración de los Obispos en Puebla: “Finalmente, ha llegado para América Latina la hora … de proyectarse más allá de sus propias fronteras, ad gentes. Es verdad que nosotros mismos necesitamos misioneros. Pero debemos dar desde nuestra pobreza… La misión de la Iglesia es más vasta que la “comunión entre las Iglesias”: ésta, además de la ayuda para la nueva evangelización, debe tener sobre todo una orientación con miras a la especifica índole misionera.”(44).

5.4. La misión, tarea de todos y para todos
Agentes pastorales y evangelizadores

La realización de la misión “requerirá la decidida colaboración de las Conferencias Episcopales y de cada diócesis en particular”(45).
El Obispo es el primer responsable de la misión en cada Iglesia particular y es quien debe convocar a todas las fuerzas vivas de la comunidad para este gran empeño misionero: “sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que se prodigan, muchas veces con inmensas dificultades, para la difusión de la verdad evangélica”(46).
“Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe”(47).
Para los Ministros Ordenados es un gran momento de gracia que les pide renovar la comunión de los Presbíteros y Diáconos con el Obispo y de ellos entre sí. Así como el entusiasmo y la entrega al servicio del evangelio. Ellos son los portadores primeros de todo este impulso misionero y habría que sensibilizarlos especialmente en el espíritu y conversión pastoral de Aparecida.
“La renovación de la parroquia exige actitudes nuevas en los párrocos y en los sacerdotes que están al servicio de ella. La primera exigencia es que el párroco sea un auténtico discípulo de Jesucristo, porque sólo un sacerdote enamorado del Señor puede renovar una parroquia. Pero, al mismo tiempo, debe ser un ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración” (DA 201).

El papel privilegiado de los laicos
Cualquier esfuerzo misionero exige, de manera particular, la participación activa y comprometida de los fieles laicos en todas las etapas del proceso. “Hoy, toda la Iglesia en América Latina y El Caribe quiere ponerse en estado de misión. La evangelización del Continente, nos decía el papa Juan Pablo II, no puede realizarse hoy sin la colaboración de los fieles laicos(48). Ellos han de ser parte activa y creativa en la elaboración y ejecución de proyectos pastorales a favor de la comunidad. Esto exige, de parte de los pastores, una mayor apertura de mentalidad para que entiendan y acojan el “ser” y el “hacer” del laico en la Iglesia, quien, por su bautismo y su confirmación, es discípulo y misionero de Jesucristo. En otras palabras, es necesario que el laico sea tenido muy en cuenta con un espíritu de comunión y participación”(49).
La Misión Continental debe tener especial penetración en los sectores culturales, políticos y de dirigentes sociales y económicos que identifican a nuestra sociedad globalizada. Para que esto sea posible, debemos reafirmar vigorosamente la misión peculiar y específica del laico en el mundo secular(50), evitando la tentación de motivar a los laicos más comprometidos con su fe, tan sólo a involucrarse en los servicios que necesita la comunidad eclesial para formarse, sostenerse y crecer.

La misión inestimable de la Vida Consagrada
Para los miembros de los Institutos de Vida Consagrada, varones y mujeres que están llamados a dar un testimonio convincente de la alegría de ser pertenencia de Dios como discípulos y misioneros de Cristo, y de prodigarse generosamente al servicio de sus hijos, especialmente de los más marginados, y de manifestar en la Iglesia la multiplicidad de los dones carismáticos del Espíritu Santo, su participación en la Misión Continental, como grandes colaboradores de los Pastores, contribuirá fuertemente al despertar misionero de América Latina y del Caribe.

Interlocutores y destinatarios
Los destinatarios (o “interlocutores”) de la misión somos todos, comenzando por los discípulos misioneros que animan el proceso evangelizador, pero especialmente debe dirigirse a los pobres, a los que sufren y a los alejados(51), e impulsar a los constructores de la sociedad a su misión cristiana de transformarla.
Llegar hasta los más alejados debe ser siempre uno de los objetivos de la dimensión misionera de la Iglesia, utilizando los medios adecuados a cada situación. “No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la historia, que Él nos convoca en Iglesia, y que quiere multiplicar el número de sus discípulos y misioneros en la construcción de su Reino en América Latina. Somos testigos y misioneros: en las grandes ciudades y campos, en las montañas y selvas de nuestra América, en todos los ambientes de la convivencia social, en los más diversos “areópagos” de la vida pública de las naciones, en las situaciones extremas de la existencia, asumiendo ad gentes nuestra solicitud por la misión universal de la Iglesia”(52).

RECURSOS PARA LA MISIÓN
Convocación comunitaria
La parroquia sigue siendo una referencia fundamental en el proceso evangelizador, con sus comunidades eclesiales de base, movimientos y grupos apostólicos. La misión está llamada a ser un dinamismo permanente de gran importancia para que la parroquia se haga “parroquia misionera”.
La misión exige una convocatoria a los discípulos misioneros y a las comunidades eclesiales. En la misión se debe aprovechar el potencial educativo de la Iglesia, a través de sus escuelas e institutos de formación, valorando el dinamismo misionero de los miembros de la comunidad educativa.
Un fenómeno importante de nuestro tiempo es la aparición y difusión de diversas formas de voluntariado misionero(53), conformado en buena parte por jóvenes, quienes están dispuestos a dar tiempo y talento para la misión. Mención especial merecen los grupos y asociaciones de niños misioneros, pues esto crea una dinámica especial en las familias. Por otra parte, se considera importante la labor de los emigrantes como discípulos misioneros, quienes “están llamados a ser una nueva semilla de evangelización, a ejemplo de tantos emigrantes y misioneros que trajeron la fe cristiana a nuestra América”(54).

Formación de misioneros
Aparecida asumió una “clara y decidida opción por la formación de los miembros de nuestras comunidades, en bien de todos los bautizados, cualquiera sea la función que desarrollen en la Iglesia”(55).
La formación debe estar impregnada de espiritualidad misionera, que es impulso del Espíritu que “motiva todas las áreas de la existencia, penetra y configura la vocación específica de cada uno. Así, se forma y desarrolla la espiritualidad propia de presbíteros, de religiosos y religiosas, de padres de familia, de empresarios, de catequistas, etc. Cada una de las vocaciones tiene un modo concreto y distintivo de vivir la espiritualidad, que da profundidad y entusiasmo al ejercicio concreto de sus tareas. Así, la vida en el Espíritu no nos cierra en una intimidad cómoda, sino que nos convierte en personas generosas y creativas, felices en el anuncio y el servicio misionero. Nos vuelve comprometidos con los reclamos de la realidad y capaces de encontrarle un profundo significado a todo lo que nos toca hacer por la Iglesia y por el mundo”(56). El Espíritu entreteje vínculos de comunión entre los diversas vocaciones para que realicen la única misión como miembros complementarios de un solo Cuerpo.

Signos y gestos de cercanía y dignificación de los más pobres
“Por eso, no puede separarse de la solidaridad con los necesitados y de su promoción humana integral: “Pero si las personas encontradas están en una situación de pobreza – nos dice aún el Papa –, es necesario ayudarlas, como hacían las primeras comunidades cristianas, practicando la solidaridad, para que se sientan amadas de verdad. El pueblo pobre de las periferias urbanas o del campo necesita sentir la proximidad de la Iglesia, sea en el socorro de sus necesidades más urgentes, como también en la defensa de sus derechos y en la promoción común de una sociedad fundamentada en la justicia y en la paz. Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio y un Obispo, modelado según la imagen del Buen Pastor, debe estar particularmente atento en ofrecer el divino bálsamo de la fe, sin descuidar el ‘pan material’”(57).
La evangelización, como acción privilegiada hacia los pobres, debemos vivirla teniendo presente que los más humildes nos evangelizan.

CRITERIOS PARA LA MISION
Conversión personal y pastoral
La misión exige una indispensable conversión pastoral, tanto de las personas como de las mismas estructuras de la Iglesia. Se deben reconocer las estructuras caducas y buscar las nuevas formas que exigen los cambios. “La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que “el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial”(58) con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera”(59).
Atención a los signos culturales: inculturación y presencia en nuevos aerópagos.
Hay que tener en cuenta la compleja y variada realidad de nuestro continente, como es el caso de las megápolis, los ambientes suburbanos y de las grandes periferias, como asimismo de los ambientes campesinos, mineros y marítimos, sin olvidar los hospitales, los centros de rehabilitación y las cárceles, lo mismo que las peculiaridades de las Iglesias en las diversas regiones. La misión, siendo única, deberá ser al mismo tiempo diversa. Por eso, es necesario estar atentos a los signos culturales de la época, de tal manera que las nuevas expresiones y valores se enriquezcan con las buenas noticias del Evangelio de Jesucristo, logrando, “unir más la fe con la vida y contribuyendo así a una catolicidad más plena, no solo geográfica, sino también cultural”(60).

En el contexto de la acción pastoral normal
La realización de una misión continental debe darle dinamismo a los planes pastorales vigentes, renovando las estructuras que sean necesarias. “Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos, y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe”(61).
“No resistiría a los embates del tiempo una fe católica reducida a bagaje, a elenco de algunas normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados. Nuestra mayor amenaza “es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”.
A todos nos toca recomenzar desde Cristo, reconociendo que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”(62).

Con nuevos lenguajes: comunicación
En la misión es necesario tener muy en cuenta la cultura actual, la cual “debe ser conocida, evaluada y en cierto sentido asumida por la Iglesia, con un lenguaje comprendido por nuestros contemporáneos. Solamente así la fe cristiana podrá aparecer como realidad pertinente y significativa de salvación. Pero, esta misma fe deberá engendrar modelos culturales alternativos para la sociedad actual”(63). Esto ayudará a “comunicar los valores evangélicos de manera positiva y propositiva. Son muchos los que se dicen descontentos, no tanto con el contenido de la doctrina de la Iglesia, sino con la forma como ésta es presentada”(64) y vivida.
En la misión hay que “optimizar el uso de los medios de comunicación católicos, haciéndolos más actuantes y eficaces, sea para la comunicación de la fe, sea para el diálogo entre la Iglesia y la sociedad”(65).
Será muy importante hacer presente el anuncio misionero en los medios de comunicación en general, así como en los espacios virtuales, cada vez más frecuentados por las nuevas generaciones. Así como en radio y televisión ya existen experiencias de programas educativos en la fe, también un portal interactivo puede ser una opción útil en el desarrollo de la misión.

LUGARES de COMUNION
Las Conferencias Episcopales como espacios de comunión entre las Iglesias locales necesitan reavivar su identidad y misión, para apoyar especialmente a las Iglesias con menores recursos, motivando la generosidad y apertura.
Cada Diócesis necesita robustecer su conciencia misionera, saliendo al encuentro de quienes aún no creen en Cristo en el ámbito de su propio territorio y responder adecuadamente a los grandes problemas de la sociedad en la cual está inserta. Pero también, con espíritu materno, está llamada a salir en búsqueda de todos los bautizados que no participan en la vida de las comunidades cristianas(66).
En la diócesis, el eje central deberá ser un proyecto orgánico de formación, aprobado por el Obispo y elaborado con los organismos diocesanos competentes, teniendo en cuenta todas las fuerzas vivas de la Iglesia particular… Se requieren, también, equipos de formación convenientemente preparados que aseguren la eficacia del proceso mismo y que acompañen a las personas con pedagogías dinámicas, activas y abiertas(67).
La parroquia ha de ser el lugar donde se asegure la iniciación cristiana y tendrá como tareas irrenunciables: iniciar en la vida cristiana a los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados; educar en la fe a los niños bautizados en un proceso que los lleve a completar su iniciación cristiana; iniciar a los no bautizados que, habiendo escuchado el kerygma, quieren abrazar la fe. En esta tarea, el estudio y la asimilación del Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos es una referencia necesaria y un apoyo seguro(68).
Los mejores esfuerzos de las parroquias, en este inicio del tercer milenio, deben estar en la convocatoria y en la formación de laicos misioneros(69).
La renovación de las parroquias, al inicio del tercer milenio, exige reformular sus estructuras, para que sea una red de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión(70).
La renovación misionera de las parroquias se impone tanto en la evangelización de las grandes ciudades como del mundo rural de nuestro continente, que nos está exigiendo imaginación y creatividad para llegar a las multitudes que anhelan el Evangelio de Jesucristo. Particularmente, en el mundo urbano, se plantea la creación de nuevas estructuras pastorales, puesto que muchas de ellas nacieron en otras épocas para responder a las necesidades del ámbito rural(71).
Señalamos que es preciso reanimar los procesos de formación de pequeñas comunidades en el Continente, pues en ellas tenemos una fuente segura de vocaciones al sacerdocio, a la vida religiosa, y a la vida laical con especial dedicación al apostolado. A través de las pequeñas comunidades, también se podría llegar a los alejados, a los indiferentes y a los que alimentan descontento o resentimientos frente a la Iglesia(72).
En la vida y la acción evangelizadora de la Iglesia, constatamos que, en el mundo moderno, debemos responder a nuevas situaciones y necesidades. La parroquia no llega a muchos ambientes en las megápolis. En este contexto, los movimientos y nuevas comunidades son un don de Dios para nuestro tiempo, acogen a muchas personas alejadas para que puedan tener una experiencia de encuentro vital con Jesucristo y, así, recuperen su identidad bautismal y su activa participación en la vida de la Iglesia. En ellos, “podemos ver la multiforme presencia y acción santificadora del Espíritu”(73).
La opción por la Misión Continental y su finalidad de impulsar la misión permanente, otorga a los organismos e institutos misioneros una responsabilidad particularmente importante para dinamizar su labor habitual y ofrecer apoyo subsidiario a los diferentes niveles eclesiales.

Invocación final
Ponemos este proyecto en manos de Nuestra Señora, bajo sus advocaciones de Aparecida y de Guadalupe, conscientes de que quien le abrió el camino al Evangelio en nuestro Continente será quien inspire, ayude y proteja nuestro proyecto misionero. Ella no es sólo la primera discípula y misionera del Evangelio sino aquella que, con un corazón inmensamente materno, goza más que nadie cuando su Hijo es conocido y amado, y le va traspasando a sus nuevos hijos con el “he aquí a tu hijo” característico de su Hora pascual.

Notas:
1-Mt. 28, 20
2-Documento de Aparecida DA 548.
3-GS 40.
4-DA 548.
5-DA 213 y 551.
6-DI 3.
7-DA 551.
8-Cf. Juan Pablo II, NMI 43.
9-Cf DA 10
10-RMi 11.
11-Benedicto XVI, Homilía de la Eucaristía en Aparecida, 13 mayo 2007.
12-Benedicto XVI, Homilía de la Eucaristía en Aparecida, 13 mayo 2007.
13-DA 13
14-DA 549
15-Cf. DA 246.
16-DA 247
17-DA 248
18-DA 549
19-DI 3
20-DA 251
21-Cf Sacranentum Caritatis
22-DI 4
23-DA 252
24-DA 253
25-DA 256
26-Cf RMi 20
27-DA 379
28-Cf. Mt 25, 37-40
29-DA 257
30-DA 257
31-NMI 49
32-Cf DA 399-430
33-DA 256
34-cf. DA 278
35-cf. DA 154 y 156
36-cf. DA 244, 245, 276, 278
37-cf. DA 226
38-DA 264 La misión de la Iglesia es más vasta que la “comunión entre las Iglesias”: ésta, además de la ayuda para la nueva evangelización, debe tener sobre todo una orientación con miras a la especifica índole misionera.
39-DA 270
40-cf. DA 267, 270
41-cf DA 275
42-DA 550
43-Benedicto XVI. Homilía a los Obispos de Brasil, 3. Mayo 11 de 2007.
44-Redemptoris missio 64
45-DA 551.
46-Benedicto XVI. Homilía a los Obispos de Brasil, 3. Mayo 11 de 2007.
47-DA 365
48-cf. EAm 44
49-DA 213
50-cf. DA capítulo 10.
51-DA 550
52-DA 567
53-DA 386
54-DA 391
55-DA 276
56-DA 285
57-DA 550
58-NMI 12
59-DA 370
60-DA 479
61-DA 379
62-DA 12
63-DA 480
64-DA 497
65-DA 497
66-DA 168
67-DA 281
68-DA 293
69-DA 174
70-DA 172
71-DA 173
72-DA 310
73-DA 312

17
Ene
10

La palabra del Papa en Radio Vaticana

Visita a la Sinagoga de Roma: “que el recuerdo de los eventos del pasado refuerce los lazos que nos unen para que crezca la comprensión, el respeto y la acogida”

Domingo, 17 ene (RV).- Reconciliación, fraternidad y unidad, han sido las palabras que más han resonado en el discurso pronunciado por Benedicto XVI en su visita de esta tarde a la Sinagoga de Roma marcada por una atmósfera de cordialidad. Invocando la paz para todo el mundo, pero sobre todo para Tierra Santa y Oriente Medio, el Santo Padre ha señalado cómo judíos y cristianos, con el ejercicio de la justicia y de la misericordia, están llamados “a anunciar y a dar testimonio del Reino del Altísimo que viene, y por el cual oramos y trabajamos cada día en la esperanza”.

Rememorando en numerosas ocasiones la visita del Venerable Papa Juan Pablo II a esta misma Sinagoga el 13 de abril de 1986, Benedicto XVI ha recordado el patrimonio común que une a cristianos y judíos: rezamos al mismo Señor, tenemos las mismas raíces, pero a menudo permanecen desconocidos los unos de los otros. “Depende de nosotros –ha dicho el Papa- en respuesta a la llamada de Dios, trabajar para que permanezca siempre abierto el espacio del diálogo, del respeto recíproco, del crecimiento, de la amistad, y del testimonio común frente a los desafíos de nuestro tiempo, que nos invitan a colaborar por el bien de la humanidad en este mundo creado por Dios, el Omnipotente y Misericordioso”.

Evocando su peregrinaje a Tierra Santa, y a Estados Unidos donde visitó la Sinagoga de Nueva York, el Santo Padre ha recordado cómo la Iglesia “ha deplorado la falta de sus hijos e hijas, pidiendo perdón por todo lo que haya podido favorecer de algún modo en el antisemitismo y antijudaísmo. ¡Qué estas llagas se sanen para siempre!”.

Analizando los acontecimientos del siglo XX que marcaron la historia, el Papa ha calificado este periodo cómo “una época realmente trágica para la humanidad”. El drama de la Shoah representa, entre las guerras y los odios del periodo, “el vértice de un camino de odio que nace cuando el hombre se olvida de su Creador y se pone a sí mismo en el centro del universo”.

En este sentido el Papa ha evocado su viaje a Auschwitz. Ante esta tragedia, mucha gente permaneció indiferente, ha explicado Benedicto XVI, señalando que al mismo tiempo, muchos católicos reaccionaron con valentía sacrificando sus propias vidas. “También la Sede Apostólica –ha evocado el Papa- desarrolló una acción de socorro, a menudo escondida y discreta. La memoria de estos hechos nos tiene que empujar y reforzar los lazos que nos unen para que crezca la comprensión, el respeto y la acogida”.

En su denso discurso el Pontífice ha señalado la cercanía y fraternidad espiritual entre cristianos y judíos a través de la Sagrada Biblia. En concreto el Papa se ha detenido en la centralidad del Decálogo –las “Diez Palabras”, los “Diez Mandamientos”- que constituyen la estrella polar de la fe y de la moral del pueblo de Dios.

Las “Diez Palabras” piden reconocer al único Señor, contra las tentaciones de construirse otros ídolos. “En nuestro mundo –ha explicado el Santo Padre- muchos no conocen a Dios o lo consideran superfluo, sin relevancia para la vida; se han fabricado otros dioses nuevos a los que el hombre se inclina. Despertar en nuestra sociedad la apertura a la dimensión trascendente, testimoniar al único Dios, es un servicio precioso que los Judíos y Cristianos pueden ofrecer unidos”.

Asimismo las “Diez Palabras” evocan el respeto, la protección de la vida, contra toda injusticia y sobre todo, reconociendo el valor de cada persona humana creada a imagen y semejanza de Dios. “Testimoniar juntos el valor supremo de la vida contra todo egoísmo, es ofrecer una importante contribución por un mundo en el que reine la justicia y la paz, el ‘shalom’ deseado por los legisladores, por los profetas y sabios de Israel”.

Por último, Benedicto XVI ha recordado cómo esas “Diez Palabras” también promueven la santidad de la familia. “Testimoniar que la familia es la célula esencial de la sociedad y el contexto de base en el que se aprenden y se ejercitan las virtudes humanas –ha dicho el Papa- es un precioso servicio que ofrecer para la construcción de un mundo con el rostro más humano”.

Agradeciendo las palabras recibidas en esta visita, el Santo Padre ha concluido su discurso pidiendo la paz y elevando al Señor un agradecimiento por el encuentro de hoy, pidiéndole que Él refuerce nuestra fraternidad y haga más sólida nuestro entendimiento. “¡Aleluya! ¡Alabad a Yavéh, todas las naciones, celebradle, pueblos todos! Porque es fuerte su amor hacia nosotros, la lealtad de Yavéh dura por siempre” (Sal 117).

Fuente: http://www.radiovaticana.org/spa/Articolo.asp?c=349968

16
Ene
10

Los católicos de todo el mundo responden al llamamiento del Papa por Haití

Sábado, 16 ene (RV).- Los católicos de todo el mundo responden al apremiante llamamiento del Papa ante la trágica situación que vive Haití, a raíz del devastador terremoto que asoló a esta nación. También desde Roma, el embajador Alejandro Valladares, representante de Honduras ante la Santa Sede y decano del cuerpo diplomático nos explicaba cómo se está organizando su país para enviar ayuda para los damnificados por el seísmo.

Prosigue sin cesar también la actividad del Nuncio Apostólico en Puerto Príncipe, el arzobispo Bernardito Auza, que además de mantener reuniones de coordinación de las ayudas, en la sede de la Nunciatura, está visitando las zonas más afectadas por la catástrofe.

Entre las ayudas de urgencia que han empezado a ser enviadas a Haití, desde España, respondiendo asimismo al pedido de la Conferencia Episcopal Española, están las de Caritas y las ONGs católicas. En las diócesis españolas se ha promovido una iniciativa de recaudación que consistirá en recolectar fondos durante todas las misas de mañana domingo, para enviarlos a Haití.

Caritas Española ha enviado ya de manera urgente una primera partida de 175.000 euros para apoyar las operaciones de emergencia de la Caritas Haitiana y ha mandado a la isla a un grupo de siete expertos de su red internacional, para participar sobre el terreno en el operativo de respuesta a la emergencia.

La institución ‘Ayuda a la Iglesia Necesitada’ ha realizado un primer envío de 70 mil dólares – canalizado a través de la Nunciatura en Haití – que servirá para los bienes básicos: agua, comida, medicamentos y refugios provisionales. Los importes destinados a reconstrucción, se comenzarán a distribuir en breve.

La directora de Proyectos, de Ayuda a la Iglesia Necesitada, Regina Lynch, ha señalado que “Haremos todo lo posible en este momento para llegar hasta ellos. Además, es importante recordar a Haití en nuestras oraciones. Roguemos a Dios para que pueda consolar a la población en esta situación tan difícil”.




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